? El territorio lucense contó, desde tiempos pretéritos, con una notable actividad minera. De su subsuelo se arrancó el mineral de hierro que abasteció a las tradicionales ferrerías o a la pionera industria de Sargadelos. Pero a comienzos del siglo XX se produjo un salto cualitativo. Dos empresas foráneas, de capital alemán la primera y de raíz vasca la segunda, iniciaron la explotación a gran escala de los yacimientos de Viveiro y Vilaoudriz y, en pabaras de Xoán Carmona, colocaron la provincia de Lugo en el mapa siderúrgico español.
29 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.El 1 de julio de 1914, miércoles, el periódico lucense El Regional publicaba el siguiente anuncio: «A los obreros mineros. Para las nuevas minas de Galdo y las antiguas de la Silvarosa en Vivero se necesitan mineros y escombreros. No se admiten escombreros menores de 16 años». Exactamente en la columna vecina, bajo el título «El drama de Sarajevo», el diario informaba del asesinato, ocurrido tres días antes, del heredero al trono del imperio austro-húngaro y de su esposa.
Ambas noticias, reunidas en la misma página por el azar, acabarían vinculándose. La bomba anarquista que segó la vida del archiduque Francisco Fernando de Austria se convierte en el detonante de la Primera Guerra Mundial. Y el conflicto bélico que devastará Europa en el siguiente cuatrienio pone fin a la etapa más próspera de la Vivero Iron Ore Company, una compañía de capital alemán y sede en Londres que, desde comienzos de siglo, explotaba varios filones de hierro en el monte A Silvarosa, en Viveiro. La ampliación de plantilla que sugería el reclamo de El Regional ya no tenía sentido en aquellas circunstancias.
La Vivero Iron Ore sufriría, como advierte Pablo Díaz Morlán, las contradicciones de la guerra: sus accionistas alemanes la convertían en sospechosa a ojos de los aliados y su sede londinense suscitaba recelos en Berlín. Paradojas aparte, la guerra, al descalabrar el mercado europeo del hierro y sembrar de dificultades la navegación internacional, golpeó también duramente a la Sociedad Minera de Villaodrid. Esta compañía, puesta en marcha por Julio de Lazúrtegui como cogerente de la sociedad vizcaína Sucesores de J. B. Rochet, explotaba varios yacimientos en el municipio de Vilaoudriz (hoy, A Pontenova).
funicular y tren minero
El estallido de la Gran Guerra eclipsó así el esplendor de la minería lucense en una etapa comprendida entre 1904 y 1914 aproximadamente. En esos once años, ambas empresas arrancaron más de 3,2 millones de toneladas de mineral, superando las 290.000 toneladas en promedio anual. Toda la producción se destinaba a la exportación, sobre todo, vía Rotterdam, a la comarca alemana del Ruhr.
El problema del transporte del mineral desde los yacimientos hasta los puertos de embarque se solucionó de distinta forma en Viveiro y Vilaoudriz. En el primer caso, con la puesta en marcha de un funicular que, aprovechando el desnivel, salvaba la distancia de 5,5 kilómetros que separaba A Silvarosa con el cargadero de A Insua, donde atracaban los buques de vapor. En el segundo caso, con la construcción de 34 kilómetros de ferrocarril entre Vilaoudriz y el Porto Estreito de Ribadeo. El tren minero, que incluiría servicio de viajeros dos años después, fue inaugurado en abril de 1903.
Las minas de Vilaoudriz presentaban también una singularidad con respecto a las emplazadas en Viveiro: la existencia de hornos para calcinar el mineral de variedad carbonatada, con el fin de eliminar su contenido en fósforo. Los cinco hornos -tres fabricados en ladrillo procedente de Sargadelos y dos de mampostería- se conservan actualmente en el núcleo urbano de A Pontenova.
REPARTO DE BENEFICIOS
La memoria de la Sociedad Minera de Villaodrid, correspondiente al ejercicio de 1910, refleja la pujanza de la empresa en aquella etapa dorada. Sus utilidades -cash flow o flujo de caja, en terminología actual- ascendieron ese año a cerca de medio millón de pesetas que, unido al remanente de años anteriores, conformaban unas disponibilidades de 722.508 pesetas. Esa cantidad se distribuyó en cuatro partes: reparto de beneficios (252.000 pesetas), amortizaciones (236.308 pesetas), impuestos del Estado (5.227 pesetas) y remanente del ejercicio (228.973 pesetas).
Los accionistas de la sociedad, constituida en 1900 con un capital de cuatro millones de pesetas, percibieron en 1910 dos dividendos de 120.000 pesetas cada uno. El primero de ellos, como complemento de beneficios del ejercicio de 1909; el segundo, a cuenta de los beneficios de 1910. El rendimiento del capital fue, por tanto, del 6% ese año. Pese a su corta andadura y la fuerte inversión acometida, la compañía ya había repartido otros seis dividendos en años anteriores. El viento soplaba a favor y la sombra de la guerra todavía no había desplegado sus alas sobre la minería del norte de Lugo.
Poblado minero en los montes de A Silvarosa, municipio de Viveiro, en el año 1899 | j. insua
Inauguración del tren minero entre Vilaoudriz y el puerto de Ribadeo, en abril de 1903 | archivo de carlos florentino