El maridaje PP-CiU

ANTONIO PAPELL

SANTIAGO

15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Convergéncia i Unió (CiU), que posee una fuerza inusitada en el Congreso de los Diputados -nada menos que 16 diputados- después de ganar por primera vez en la historia las elecciones generales en Cataluña, no podrá en esta legislatura poner matemáticamente en valor esa presencia porque el Gobierno de Mariano Rajoy está apoyado en la sólida mayoría absoluta del PP, que hace innecesarios otros respaldos. Por el contrario, CiU gobierna en minoría en Cataluña -obtuvo 62 de los 135 escaños del Parlament-, donde precisa los votos de los 18 diputados autonómicos del PP, con los que consigue la mayoría absoluta.

Pese a esta asimetría, al PP le conviene políticamente evitar en lo posible transmitir una sensación de soledad parlamentaria. Con lo que CiU, deseosa de mostrar en todo momento su proverbial sentido del Estado que ha sido una constante durante toda la etapa democrática, está en condiciones de intentar una relación constructiva con la mayoría mediante este trueque que ya se ha empezado a materializar: CiU arropa a Rajoy en Madrid, a cambio del apoyo del PP en Cataluña, que así resulta además más digerible para los sectores soberanistas del nacionalismo fundado por Jordi Pujol.

Esta nueva dinámica, que es coherente con el apoyo que CiU prestó a Rodríguez Zapatero en el gran ajuste de mayo del 2010 que evitó la bancarrota y el consiguiente rescate de nuestro país, centra además a CiU, después de una exacerbación que fue la consecuencia de tener que competir durante dos legislaturas con el ?tripartito?, que daba un protagonismo desproporcionado al independentismo visceral de Esquerra Republicana.

RELACIón MERCANTILIZADA

CiU retorna así a la zona templada, en la que la mercantilización de las relaciones con Madrid sirve de anclaje a un catalanismo político que no dispone de masa crítica independentista y que tan solo utiliza de hecho el soberanismo como herramienta de presión frente a Madrid.

No será sin embargo fácil el mantenimiento de este statu quo porque Artur Mas es esclavo de sus propias palabras desafinadas y el PP deberá moverse en un espacio acotado por límites infranqueables. En efecto, Mas ya no puede volverse atrás en su exigencia de un pacto fiscal, presentado como el precio de la reconciliación con España (¿?), algo que el PP no puede ni siquiera plantearse en estos momentos de recesión y déficit, aunque a más largo plazo tenga que reconocer que la demanda catalana tiene aspectos atendibles. Y tampoco el gobierno del Estado puede permanecer impasible ante el intento de orillar la Constitución para celebrar un amenazante referéndum de autodeterminación.

De momento, CiU, que actúa con evidente cautela -ha apoyado el ajuste pero votó en contra de Rajoy en su investidura-, espera seguramente algunas ventajas en materia de financiación -la posible intervención del ICO como prestatario, un buen trato en el reparto del fondo de competitividad, etcétera-, que le permitan rentabilizar su papel en Madrid ante su propia clientela catalana. En cualquier caso, al no ser necesaria la reciprocidad en la ayuda, la relación no puede mercantilizarse como ha sido habitual en el pasado, por lo que CiU tendrá que derrochar todo el ingenio para exprimir a un gobierno que, agobiado por el problema económico, no quiere que se reabra en esta legislatura el problema territorial.

Durán (CiU) felicita a Rajoy por su investidura. En segundo plano, Sáenz de Santamaría | JUAN LÁZARO