La unidad elegida como patrón de medida de la confianza de los mercados es el interés que se establece en las emisiones de deuda de Alemania. La prima de riesgo de un país determinado es, por tanto, la relación que se establece entre el interés al que se venden los títulos de su deuda y el interés al que se venden los de la deuda alemana. Si la prima de riesgo española es, a fecha del 17 de noviembre del 2011, de 488 puntos, quiere decir que los intereses que España pagó en ese día por su deuda fueron un 4,88 % más altos que los que pagó Alemania por la suya.
Pero el problema está en que esta situación podría ser radicalmente injusta, porque se confunde la percepción subjetiva del riesgo, que a menudo puede ser muy interesada, con la realidad del riesgo en sí, y de este modo se está obligando a pagar a algunos países unos intereses para saldar sus deudas que pueden ser abusivos.
Un sistema discutible
Hay muchas circunstancias que pueden influir en la percepción del riesgo y que pueden ser creadas artificialmente. Existen grandes inversores que se dedican a fomentar la desconfianza mediante diversos recursos, como la venta masiva de títulos para conseguir un beneficio fácil y rápido con la recompra posterior a un interés mayor. Esto es lo que se llama especulación, y los mercados están llenos de especuladores.
Parece que sería mucho más justo que existiese una entidad supranacional que pudiese dictar normas sobre las condiciones que deberían cumplir los Gobiernos para poder emitir Deuda pública, que regulase el sistema para garantizar la devolución a todos los inversores del dinero prestado, pero que a cambio fijase también un porcentaje de interés igual para todos.