Precursor de las radionovelas en España

R. Ventureira

SANTIAGO

06 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Corría 1947 cuando José Vázquez Vigo volvió a España. «Mi abuelo fue uno de los fundadores de la Sociedad de Autores de Argentina. Le pidieron que fuese el secretario. No quería, pero acabó aceptando. Dice mi madre que los tangueros eran gente con talento para lo suyo, pero que luego eran muy brutos. Mi abuelo hablaba muy bien y era muy listo». En su condición de secretario de esa sociedad regresó a España en 1947. Ya era viudo de su primera mujer, Carmen López, la abuela de Verónica, una bailarina asturiana que viajó con una compañía de zarzuela a Argentina, donde conoció a José. Su hija Teté, madre de la actriz, nació en 1923 fruto de esa relación. Teté acompañó a su padre en el viaje a España.

«Venían a pasar unos meses, a establecer relaciones con la sociedad de autores de España, pero la cosa se extendió». Y tanto. Para empezar, a José «le encargaron una música para una película que iba a hacer José María Forqué, o sea, mi padre», cuenta Verónica. «Por eso fue mi abuelo el que presentó a mi padre y mi madre». Teté ya no volvió: se casó con José María Forqué. Y triunfó como actriz en España, sobre todo en su faceta radiofónica. «Mi abuelo trajo de Buenos Aires un montón de libretos de guiones radiofónicos. Eran adaptaciones para radio de obras de Dostoievski, Víctor Hugo, Galdós... Se las llevó a Radio Madrid, donde estaba de director el padre de José María Aznar. ?Esto aquí no va a funcionar?, le dijo. Menudo ojo. Mi abuelo insistió y aquello fue un éxito. Mi madre trabajó muchos años en esas radionovelas».

Teté ya no regresó, pero sí lo hizo su padre. En este punto, la historia se turna culebrón. «Mi abuelo había dejado en Argentina un amor, una argentina muy joven. Le llamaron los padres desde allá y le dijeron que la chica se iba a suicidar. Al final se plantaron aquí en España la novia y su madre. Mi abuelo tenía cincuenta y tantos años; ella, veintitantos. Era una chica guapísima, cantante. Se casaron en Madrid, donde tuvieron un niño, que murió en un accidente de moto muy joven, con veintipocos años, ya después del fallecimiento de mi abuelo. Mi madre fue a esa segunda boda de su padre. Pero con tanta diferencia de edad, la cosa no funcionó. Ella quería ir al teatro, al cabaré, al cine... Y mi padre quería otra vida. Ella insistió en volver a Argentina y así lo hicieron, aproximadamente a los dos años de llegar». El día que se despidieron en España, Teté intuyó que nunca volvería a ver vivo a su padre.

Allá «ya nada fue lo mismo». José y su segunda mujer se separaron. «Regresó y supo que su vida se había acabado. Envejecer es complicado. Hay un nivel en que sientes que ya está y te mueres. Lo mató un ictus mientras comía con unos amigos. Su final fue triste».