Julián Ferrín sabe lo que significa vivir sin ninguna dificultad económica y disfrutar de una vida holgada. En el 2004 puso en marcha en Vigo una agencia inmobiliaria, que llegó a contar con cuatro trabajadores, pero la crisis del ladrillo comenzó a notarse en el 2006 y «en el 2007 ya no había movimiento, los gastos fijos eran imposibles de sostener y cada día era peor. Todo fue en cadena, pedí unos préstamos para intentar salvar el negocio y fue peor, la deuda no pude pagarla y está ahí». Julián volvió a casa de su madre y, al ser autónomo, «no tenía derecho a nada, pasaron dos años hasta que cobré la ayuda de 426 euros, que se termina en mayo».
Se trasladó a Santiago porque «pensé que habría alguna posibilidad de empleo en la hostelería, pero quieren gente joven; yo trabajé como comercial, pero las cifras del paro cantan y cada vez piden más cualificación y más jóvenes, estoy en la peor edad, 49 años». También reconoce que en su decisión de dejar Vigo tuvo que ver la vergüenza: «Aquí no me conocen y es menos incómodo ir a la Cocina Económica». Está gratamente sorprendido con la «solidaridad de la gente que lo está pasando fatal, te dicen sitios para ir a buscar un abrigo o donde pueden echarte una mano». Comparte piso con estudiantes, «una experiencia positiva». El futuro «lo veo negro, procuro entregar mi currículo y hablar con los responsables de Recursos Humanos, pero es complicado que te escuchen», dice. «Hay 5 millones de parados y esto no puede seguir así; quiero pensar en positivo, pero es una situación dura, aunque sé que hay gente que lo está pasando peor que yo».
Julián Ferrín da su número de teléfono para que le llame toda persona que pueda ofrecerle trabajo: 634 242 271.