La fábrica de Ángel Senra

? «El personal de la fábrica se asocia de todo corazón al sentimiento profundo de dolor por la irreparable pérdida que causa el fallecimiento del infatigable luchador en el Arte del Calzado don Ángel Senra Fernández». Insólitas palabras -publicadas en La Voz de Galicia el 3 de abril de 1932- si nos atenemos a su procedencia: la mayoría de los 267 trabajadores de la industria coruñesa que las suscriben están afiliados al sindicato La Igualdad, de signo anarquista. Los indomables obreros de la CNT lamentan la muerte del patrón.


Ángel Senra no era, ciertamente, un patrón al uso. Ocho años antes de su muerte, La Voz resaltaba su concepto de las relaciones laborales, «que le ha llevado a implantar mejoras de índole material y moral ya en boga en los países más adelantados, pero que por estas latitudes son todavía algo novísimo y cuya aclimatación está reservada a espíritus progresivos que tienen de su misión patronal un sentido amplio y a tenor de los tiempos».

El mismo periódico, en la necrología que dedica al gran empresario gallego del calzado, cuyo «magnífico establecimiento fabril» era «orgullo de la capital y de Galicia, uno de los principales de España», agota los epítetos admirativos. «Modelo de ciudadanos, persona correctísima, sin tacha ni mácula, afable y cordial, prudente y ecuánime, el señor Senra había intervenido en la vida pública, militando siempre en el campo republicano».

Su fábrica dio cobijo a destacados dirigentes del galleguismo y del republicanismo coruñés. Uno de ellos, Alfredo Somoza Gutiérrez, primo de Castelao, ocupó la gerencia de la empresa hasta su cierre en 1934. Somoza y Federico Zamora, administrativo de la compañía, son los dos representantes de las Irmandades da Fala que, en septiembre de 1923, sellan con catalanes y vascos la Triple Alianza, el embrión de Galeuzca.

Toda la vida laboral de Víctor Casas, otro renombrado miembro de las Irmandades y director de A Nosa Terra, transcurrió también entre los zapatos de marca Hispania, Aurora o Suevia que fabricaba Senra. Entró en la empresa de niño y permaneció en ella como dependiente -en 1921 cobraba 3,25 pesetas al día- durante veintidós años.

Los tres acabarían militando en las filas de la ORGA de Casares Quiroga y los tres fueron víctimas de la oleada de terror que desencadenó la guerra civil. Alfredo Somoza, tras obtener acta de diputado en 1936, permaneció escondido durante once años hasta que consiguió huir a Francia y acabar sus días en Uruguay. Peor suerte corrió Víctor Casas, fusilado en Poio meses después del alzamiento militar.

EL HOMBRe y la empresa

Este sí es un self made man. Quien siga la biografía de Ángel Senra Fernández, de la mano de Carlos Pereira Martínez, descubrirá el prototipo de gallego hecho a sí mismo. El niño de cuna humilde, huérfano desde los nueve años, que en 1931 -antes ya había ocupado accidentalmente el cargo- se convierte en el primer alcalde republicano de A Coruña. El aprendiz de zapatero que, tras dejar atrás su Noia natal y practicar el oficio en Brión, Santiago, Ordes y Oza de los Ríos, levanta en la capital coruñesa una de las principales industrias españolas del calzado. El autodidacta que, a fuerza de tesón, adquiere vasta cultura y conquista el afecto unánime de su ciudad de acogida sin renunciar un ápice a su avanzado ideario.

Cuando el joven Ángel -de profesión «maestro de obra prima», dice la partida de matrimonio- se casa en Culleredo con la panadera Juana Eiroa ya tiene claramente perfilada su hoja de ruta. Dos años antes, en 1879, ha instalado su primer taller en Monelos, que pretende especializar en la fabricación de calzado de calidad.

El despegue se produce en 1908. La artesanía cede paso a la industria. Ángel Senra establece, en pleno Cantón Grande de la capital coruñesa, la primera fábrica mecanizada de calzado. Da ocupación a 145 operarios, sin contar personal de oficinas, que utilizan 150 «máquinas americanas, movidas todas por la electricidad». Su capacidad productiva alcanza, según Xoán Carmona, 500 pares de zapatos al día. «Gracias a estos adelantos -participa Senra «a su distinguida clientela y al público»-, se han reducido notablemente los precios, mejorando al mismo tiempo la calidad del calzado».

Muy pronto las instalaciones del Cantón Grande se quedan pequeñas y en 1914 inaugura una nueva planta en Juan Flórez. Dotada de «nueva y completa maquinaria americana, sistema Goodyear, para calzado de caballeros y Blacke para el de señoras», según reza un informe militar, la factoría suministra botas para el ejército francés durante la primera guerra mundial.

La expansión culmina en 1923 con la apertura de la grán fábrica ubicada en A Parromeira, en las cercanías de la actual estación del ferrocarril. En una superficie de 125.000 metros cuadrados, Ángel Senra crea allí, según un cronista de La Voz, «casi un pueblecito con toda clase de servicios, incluso de recreo». La gigantesca factoría -96 metros de frente, más de 15 de fondo y 152 amplios ventanales-, que ha incorporado tecnología puntera, utiliza suela gallega y piel foránea, produce unos mil pares de zapatos al día y llega a dar empleo a 267 personas.

La empresa apenas sobrevivió a su fundador. Herida por los zarpazos de la Gran Depresión, suspende pagos en 1932, unos meses después de la muerte de Ángel Senra. Y dos años más tarde cierra definitivamente sus puertas.

Recorte de La Voz de Galicia con fotos del entierro de Ángel Senra, alcalde coruñés al inicio de la Segunda República | abraldes

La gran fábrica de calzado de Ángel Senra, inaugurada en 1923, tenía 96 metros de frente, 15 de fondo y 152 ventanales | archivo

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