«El miedo se huele desde entonces»

Cristina Pato, nuestra pianista y gaiteira más internacional, ha encontrado en Nueva York su motor vital y profesional. Allí se ha reinventado, gracias al contacto con grandes de la música, y allí imparte clases en la universidad. Ella, con su sensibilidad natural, nos acerca su experiencia neoyorquina en este aniversario.


Es nuestra gaiteira más internacional y tiene entre su haber vital el mérito de ser la primera gaiteira que como solista sacó un disco al mercado, Tolemia, hace ya 13 años. Sin embargo, Cristina Pato (Ourense, 17 de agosto de 1980) destaca por su dualidad, esa que le permite tocar el piano y la gaita con la misma pasión, y que la ha llevado a fusionar la música folk y la clásica hasta hacer sonar la gaita como un instrumento más de la orquesta. Pero esa dualidad es para ella sobre todo una forma de ser, esa misma que la convierte en días emocionales, como el de la entrevista, en una mujer de voz frágil que responde inmensamente sobrecogida ante la que considera la mejor etapa de su vida, tanto profesional como personal, desde que se afincó con su marido en Nueva York, adonde llegó por primera vez en el 2003, dos años después del trágico 11 de septiembre.

Manhattan le ha abierto las puertas de cumplir su sueño y de reinventarse: «Eso es lo que me fascina de esta ciudad, esa capacidad que tiene de estar en continuo movimiento». En el relato de su día a día, Pato insiste por encima de todo en esa tendencia natural de Nueva York al cambio, a la renovación, incluso después de la masacre.

Hiperactividad

Esa hiperactividad contagiosa de la ciudad le ha venido como anillo al dedo a quien tiene una parte de doctor Jekyll, que intenta frenar constantemente. «Es cierto que no paro, porque tengo un lado vago y me da siempre la sensación de que si me paro lo haré en seco, por eso intento evitarlo». Como tantos otros músicos, Cristina Pato decidió marcharse a Nueva York para avanzar en sus estudios: «Estoy continuamente poniéndome metas -se explica- y hacer el doctorado en Piano era una de ellas». Pero en su camino se cruzó de nuevo la gaita y, aunque acabó su doctorado en Piano, su encuentro con Osvaldo Golijov le cambió su destino. «Él fue el primero que escribió esa pieza para la gaita como solista y fue quien me presentó a Yo-Yo Ma y, mira, ahora precisamente voy a impartir clases con él en la Universidad de Harvard, un proyecto muy interesante para los próximos cuatro años».

Y es que, a día de hoy, Cristina Pato está totalmente integrada en Manhattan. Además del proyecto en Harvard, es profesora adjunta de interpretación operística en la New Jersey City University, y la vía de contacto con otras culturas musicales la ha hecho crecer también como artista. «Ahora mismo, Nueva York es donde profesionalmente he encontrado mi sitio, por donde además todos los grandes de alguna manera acaban pasando. Y aunque no paro en Manhattan tantísimo tiempo como quisiera, porque estoy de gira continuamente, es una ciudad fascinante a la hora de poder descubrir nuevas conexiones, nuevas culturas», resume Pato, quien se marchó el pasado jueves a Angola, con la Agencia Española de Cooperación Internacional para enseñar a niños de colegios públicos, y volverá a Galicia la próxima semana.

En toda esta etapa de renovación y de reinvención, incluso estética, Pato insiste en que Nueva York ha sido definitiva: «Sigo con el pelo algo verde, pero solo por la parte de abajo, así que como lo tengo tan largo, si tengo un día malo, me lo recojo y solo veo el castaño». Ese tinte de pelo se lo ganó en una apuesta con su madre -«Ella insistió en que si acababa mi carrera de piano, me dejaría teñírmelo de ese color», aclara con añoranza-, a pesar de estar en permanente contacto con su familia y su tierra: «Creo que puedo vivir Nueva York como la vivo porque casi paso cuatro meses en Galicia. Me vengo a finales de mayo y giro desde Galicia todo el verano». Pero Nueva York le ha dado el reconocimiento internacional y allí vive feliz en el Greenwich Village, rodeada «de gente que siempre está de paso».

La tensa calma del metro

Nueva York la ha reinventado a ella de la misma forma que la ciudad se reinventa a diario, incluso después de la herida del terrorismo. «Venía hablando precisamente del 11-S con un colega y, desde mi punto de vista, el miedo está constantemente ahí. A veces vas en metro y se para entre dos estaciones por cualquier motivo y lo hueles. El miedo se huele desde entonces. Todos nos quedamos callados, no levantamos la cabeza, con nuestro iPhone, o iPad, o lo que sea. Y es verdad. Hay una expresión en Estados Unidos que es hacerse el new yorker, hacer precisamente como que no pasa nada, y eso es lo que hacemos todos en esos casos. Puede ser un fallito eléctrico o un ataque terrorista, sin embargo, aparentemente no pasa nada. Pero esa sensación de tensa calma sí se respira. Y eso fue a partir del 11-S, claro». Por eso la muerte de Bin Laden no se vive igual en la distancia. «Esos días aquí fueron un verdadero bombardeo de televisiones y periódicos, pero, si te digo la verdad, yo en mi barrio no vi ningún tipo de celebración. Quizás es que la gente de la que me rodeo es de otra pasta», subraya.

Con motivo del décimo aniversario del 11-S, la ciudad ha planeado también alguna celebración musical. «Este año -indica Pato- me habían invitado para un memorial en el Lincoln Center, en el que había una mezcla de música clásica y músicas del mundo, aunque no podré ir. Pero mi marido [también es músico], que está allí, me ha comentado que durante estos días sí se nota una mayor sensibilidad en forma de misas y conciertos. Pero yo lo que noto en la gente es respeto, por todos aquellos que perdieron a sus seres queridos y no tenían ningún tipo de relación con el terrorismo». «A lo largo de estos años en Nueva York -sentencia- es el sentimiento que más he percibido, un profundo respeto por toda la gente que falleció ese día. Eso ha sido una constante en personas de distintas culturas». Un respeto que la artista gallega concluye con la música del silencio.

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