Cambio cultural

La Voz

SANTIAGO

Los cambios que anuncia la presidenta de Castilla-La Mancha, y que podrían extenderse acto seguido al conjunto de España, junto con las cifras cada vez más visibles del crecimiento de las Administraciones (y sus plantillas) a un ritmo muy superior al que lleva el conjunto de la población, nos permiten prever la aparición de un nuevo tipo de desempleados: los procedentes del funcionariado, de las dependencias estatales, regionales y locales, de los cargos de confianza y de la asesoría política. Este es otro de los efectos secundarios del descenso de la natalidad: si las parejas españolas se hubieran puesto a tener hijos como es debido, no se nos hubieran quedado tan solos y tan en el punto de mira todos esos ediles, oficinistas, asistentes, asesores, autorizadores, homologadores y demás empleados públicos.

Si las cosas no mejoran pronto, el paisaje se verá entristecido por el desfile de los cesantes, tal como ocurría en la Restauración, cuando el relevo pactado al frente del Gobierno venía acompañado del cese en masa de los empleados ministeriales, para hacer sitio a los afines.

La estructura administrativa española se ha vuelto pesada, pero no debemos culpar de ello a los propios empleados públicos, sino a quienes los contrataron, e incluso, por extender las culpas hasta hacerlas desaparecer, a la cultura colectiva. Ya en tiempos del Imperio, un banquero holandés sentenciaba: «Españoles, manirrotos», al ver cómo la deuda del país crecía a pesar del flujo nunca visto de oro americano. No es solo falta de inclinación hacia el cálculo; también sufrimos de una aversión al riesgo empresarial que se ha manifestado, más recientemente, en el crecimiento de la burbuja inmobiliaria, acaparadora de la inversión, que dejó de fluir, por ejemplo, a la industria.

¿Habrá medidas, aparte del despido, para reconvertir estos sectores? Será difícil. Necesitamos un cambio cultural, de esos que solo se consiguen después de decenios de cambio sostenido de las circunstancias. Sin embargo, aunque sea lento, deberíamos procurar que venga. Y que ustedes lo vean.