Sin duda, me quedo con la camiseta que lució Andrés Iniesta en memoria de su amigo Dani Jarque cuando celebró su tanto, el que dio a España el título. Meter el gol más importante del mundo y querer compartirlo con Dani.... Eso es muy grande, tiene mucho valor. También recuerdo las lágrimas de Iker Casillas cuando el árbitro pitó el final del encuentro y cómo todos los jugadores miraban la copa cuando la levantó el capitán de la selección. Estuvo bien ver a toda España en las calles, sentir cómo el fútbol tiene la fuerza para unir a tantas personas y levantar un país. Vi la final en Estados Unidos, rodeada de jugadoras norteamericanas, y no es lo mismo. Viví el partido con tensión y nerviosismo, con una emoción enorme, porque sabía que estábamos ante la mayor oportunidad de la historia de nuestro fútbol.