El 60% son pagos pendientes a proveedores
26 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El Grupo Construnor, hasta hace poco una de las banderas del crecimiento empresarial santiagués y ahora paralizado a la espera del concurso de acreedores previo a la liquidación, tiene contraídas unas deudas que rondan los 10 millones de euros. El 60% de esa cantidad son pagos pendientes a proveedores y el resto se corresponde con las cantidades que reclama Hacienda, la Seguridad Social y las entidades financieras en concepto de préstamos.
Durante las últimas semanas la empresa se ha visto obligada a desvincularse contractualmente de unas 15 obras que tenía pendientes entre Galicia y España y los 70 trabajadores de sus oficinas acumulan casi tres meses sin cobrar. Tienen pendientes las nóminas de abril, mayo y todo apunta a que no recibirán la de junio. De hecho, los empleados, uno a uno, ya han llevado el impago de sueldos a la Justicia como paso previo e indispensable para poder percibir las compensaciones del Fondo de Garantía Salarial (Fogasa). «La ley concursal es un poco injusta con nosotros: ni cobramos de la empresa ni tenemos derecho a paro, es algo tremendo», denuncia un empleado.
La plantilla está indignada con los dos socios mayoritarios, José Manuel Negreira y Juan Navarro, que han puesto la liquidación de la empresa en manos de sus abogados y que llevan dos meses sin dar la cara en las instalaciones para ofrecer una explicación a los trabajadores. Con una facturación mensual que rondaba los 2 millones, Construnor ha sido un emblema del auge empresarial experimentado por las firmas ligadas al mercado residencial y la obra civil, pero la grave crisis económica, marcada por los impagos y la dificultad de acceso al crédito, ha certificado su inminente defunción.
La plantilla había barajado la posibilidad de querellarse contra los dos socios mayoritarios por impago de sueldos, pero los trabajadores precisan que se trata de una vía difícil. «Habría que demostrar que no se nos pagaron las nóminas habiendo recursos, es decir, cuando la empresa ingresaba, algo que es muy difícil», detallaba el viernes un empleado de la firma.
Los trabajadores sobrellevan como pueden un día a día que definen como un «calvario», tal y como reza una de las pancartas que han colocado en la cristalera de una de sus sedes, en el barrio santiagués de Salgueiriños. La actividad de la compañía está paralizada, pero ellos como empleados, tienen la obligación de cumplir su jornada laboral.
De momento, la empresa les adeuda solo tres meses, y el Fogasa paga hasta un máximo de cinco. El gran problema es que ya hay trabajadores que tienen la cita para la celebración de juicio en noviembre y hasta que no haya sentencia no pueden percibir las compensaciones del fondo de garantía, es decir, que saldrán perdiendo mucho dinero.
Los trabajadores han perdido la esperanza de que Antonio Blanco, tercer socio y actual gerente, pueda hacerse con las riendas de una empresa con una deuda tan elevada.