Todos los bosques están encantados

> Antonio Sandoval sandoval@terranova-sl.es

SANTIAGO

La ONU rinde homenaje este año a los auténticos pulmones del planeta

04 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

De mañana la niebla parece decidida a quedarse. Sus jirones se enredan en el laberinto de ramas, como largos dedos de humo que buscaran un tesoro escondido en la fronda de castaños, robles, abedules y acebos. Las hojas de los árboles se estremecen muy levemente, como si el tacto de esos dedos les produjese un repentino escalofrío. O como si por un instante temiesen que esos secretos que guardan fueran descubiertos. Porque lo cierto es que son muchos los tesoros y secretos que aquí se esconden.

En cuanto pasen unas horas, el sol próximo al mediodía habrá disuelto ya la niebla en una transparencia que revelará cada detalle del bosque, desde las vetustas y profundas grietas de la corteza de los árboles más añosos hasta cada verde matiz de la apretada y oscura masa forestal que cubre la ladera de enfrente. Entonces el caminante no tendrá más que observar, escuchar o tocar para ir hallando esos tesoros y secretos. O, al menos, inequívocas señales de su existencia. También puede ser que, como a la niebla, le pasen desapercibidos. Que los encuentre dependerá no solo de sus sentidos, sino también de su curiosidad, su sensibilidad e incluso de su creatividad. Habrá quien no vea aquí más que toneladas de madera caóticamente desperdigadas, y a su juicio lamentablemente improductivas en términos comerciales, por ser este un espacio natural protegido. Y habrá quien sea incapaz de avanzar dos metros sin detenerse a estudiar las frondas de helechos, las huellas de los animales nocturnos en el húmedo barro del sendero, la actividad de los abejorros en las flores de los arándanos, el sonoro canto de pinzones y petirrojos o el discretísimo reclamo de reyezuelos y camachuelos. Y las huellas de la presencia de generaciones de familias en los vencidos muros de un abandonado molino junto al que, desde mucho antes de que llegasen aquí los humanos, fluyen limpias aguas cuyo rumor suena como la más antigua de las melodías. Y la geométrica perfección de las telas de araña. Y el cansado retorno a casa de un oscuro escarabajo algo cargado de espaldas. Y la atentísima mirada de un lagarto verdinegro de azulísimo rostro, asomado al camino desde una piedra forrada de mullido musgo.

Atenta debe ser también nuestra mirada cada vez que penetremos en un bosque. Todos los bosques están encantados. Todos están llenos de historias y leyendas, y de música. De secretos y tesoros para nuestro ánimo y nuestra curiosidad. Si queremos descubrirlos debemos, como el sol del mediodía, despejar esa niebla que igual que un telón oculta el escenario donde todo sucede. Una niebla en algunos casos entretejida de ignorancia, desinterés, pereza o frialdad. Pero por suerte en otros, en la mayoría, solo de distancia. Una distancia que se supera con una caminata y un espíritu abierto a todo cuanto la naturaleza quiera mostrar.

Los bosques sanos, bien conservados, se pueden disfrutar de muchas maneras. Pasear por ellos y disfrutar de su biodiversidad es una. Otra es el aprovechamiento sostenible de sus recursos: madera, setas, los frutos de sus árboles y arbustos? Sostenible, porque no compromete ese mismo aprovechamiento por parte de las futuras generaciones, por ejemplo de los que hoy sois escolares. Y sostenible, también, porque ese uso no compromete la vida de la multitud de criaturas que en ellos tienen su único hogar, y que forman parte de un patrimonio natural que las mujeres y hombres de mañana tienen todo el derecho a heredar.

La ONU ha declarado este 2011 Año Internacional de los Bosques. Según los responsables de este organismo internacional, «centenares de millones de personas, fundamentalmente en los países en desarrollo, dependen de los bosques? Son el pulmón del planeta. Sin embargo, cada minuto que pasa desaparecen unas 25 hectáreas».

De todos depende la conservación de los bosques naturales. Tanto la de los más próximos a nuestros hogares y centros escolares como la de los más distantes, selvas de las que se extraen productos que, de forma directa o indirecta, consumimos diariamente. Descorramos el telón. Disipemos la niebla. Descubramos lo que podemos hacer por los bosques. O lo que es lo mismo, por nuestro futuro. Y lo que los bosques hacen por nosotros.