El directivo de Cáritas dice que la Ley de Extranjería es discriminatoria
25 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Miguel llegó de Lugo a los 17 años a una ciudad para él «novidosa e espectacular» y se metió en un aula de 400 alumnos para estudiar Historia. Menos mal que no todos los matriculados se dejaban caer por la facultad. Su etapa de estudiante «foi a época mellor da miña vida». En esa época estudiantil, muy participativa, ya se enganchó como colaborador a Cáritas, cuya sede estaba entonces en O Hospitaliño. Impartía allí clases de alfabetización a gitanos portugueses. «Eu viña de cristiáns de base, e máis ou menos sempre tiven esa inquedanza», confiesa Miguel. De hecho sigue muy vinculado a la Coordenadora de Crentes e Irimia en la línea de un «cristianismo social cun toque de galeguismo».
Fijó su residencia en Compostela en el año 91, tras circular por varios institutos como profesor de Historia, una actividad que le ha permitido dedicarse sin sobresaltos laborales al servicio social como voluntario. Y no solo es responsable de Empleo de Cáritas, sino que preside entidades como la Plataforma polo Emprego en el marco de esa vinculación social.
Cristiano de base
Cuando llegó a Cáritas, la institución tenía un tinte asistencial y los cristianos de base que se incorporaron, como Miguel, viraron el rumbo hacia una dimensión de promoción de las personas, con un programa de empleo para jóvenes. En el 94 el colegio La Salle les cedió el local que ostenta la entidad, inaugurado por Julián Barrio.
En él, Miguel, al frente de un grupo de voluntarios, mantiene encendida la llama social con una actividad extensa. El empleo juvenil pasó a ser empleo en general, y la llegada de inmigrantes copó a partir del 2001 buena parte de la actividad: «Dous tercios dos que veñen por aquí son inmigrantes».
Por otra parte, el tránsito del asistencialismo a la promoción de las personas y la puesta en marcha de programas ocupacionales centró la actividad de entidades como la Plataforma de Emprego o el Foro de Inmigración, a nivel de Santiago y luego de Galicia: «O Estado español mantén unha lei de estranxería discriminatoria e non recoñece os mesmos dereitos para os españois e os de fóra. O foro é unha defensa dos dereitos dos inmigrantes». Una de las iniciativas ha sido promover empresas de inserción. En Galicia hay 12 o 13, y al frente de esta actividad surge de nuevo el entregado Miguel Fernández.
Escasa sensibilidad
El derecho a la inclusión social ocupa igualmente el quehacer de Miguel, quien lamenta que exista preocupación por tener colegios o centros de salud cerca «pero non centros para o problema da exclusión social».
Y es que la sensibilidad ante los temas sociales a nivel político y ciudadano es muy escasa, según Miguel: «É moi diferente pechar un colexio ou pechar un programa social. Isto último apenas mobiliza á xente». Lo habitual, al emplazar viviendas de acogida de inmigrantes o centros para excluidos sociales, es que la reacción inicial del vecindario sea «o rexeitamento». El problema de los gallegos con los inmigrantes «é que non saben nada deles. Só o que ven na televisión». Y lo que ven en la tele con frecuencia no es nada favorable a esos foráneos.
Claro está, hacer recortes en estas parcelas administrativas es muy fácil. «Nas consellerías e ministerios estas áreas soen ser ocupadas por mulleres, dándolles unha relevancia menor», comenta el responsable de Cáritas.
Miguel observa a menudo en San Roque los efectos del paro prolongado y la marginación: «Afecta moito a nivel psicolóxico e social. A persoa perde a súa autoestima e é un proceso moi duro. Sente vergoña, que pensan os viciños,... A miúdo xorden os malos hábitos, a dependencia do alcohol, etcétera. Iso degrada tanto como o aspecto económico».