«No destacar», dice Nonito Pereira, esa era su forma de pasar la mili. Lo hizo durante sus tres meses de instrucción en Ferrol (época de la que recuerda cómo comían bocadillos de sardinas que sabían a gloria) y después, en A Coruña donde se hizo chófer para llevar a las estrellas de Hollywood -como él llama a los mandos- en el jeep militar. Ese año de prácticas se le hizo «muy aburrido», por lo que pasaba el tiempo entre traslado y traslado «leyendo novelas del Oeste escondido para que nadie me molestase en los túneles del monte de San Pedro», explica. Pero no todo fue fácil para él: «El mando que más caña me daba me llamaba Bonito. Me hacía hincar la rodilla en tierra durante horas, así que me compré una rodillera de hockey acolchada y la llevaba por debajo del pantalón», cuenta mientras ríe.
Cuando a Antonio Pernas se le acabaron las prórrogas, su mayor preocupación era el destino. Sus tres meses de instrucción los pasó en Parga (Lugo), un lugar «bucólico por su belleza, pero duro porque las instalaciones eran como un campo de concentración. Para ducharnos nos metían en una nave con mangueras picadas, el agua salía helada», recuerda. En esos meses tuvo que presenciar la muerte de dos compañeros: «Por un disparo por detrás y por una granada que se le cayó, los medios eran escasos y no éramos profesionales». Pernas era un amante de la música en aquella época, aunque reconoce que también le tiraba la moda. De hecho, reconoce que modificó el traje hasta que lo adecuó a la moda de los setenta: «Logré que la chaqueta me quedase ajustada y allí hice mi primera gabardina, la vocación me eligió a mí».
Charly Domínguez entró como voluntario con 17 años por deseo de su padre, y aunque no le gustan los uniformes «ni para las enfermeras» fue el primer cabo más joven de España, hizo marchar a 90 soldados a los que mandó marcar el paso «a ritmo de hip-hop» y se hizo experto en explosivos. Después de tres meses en Figueirido, pasó el resto de su mili en su Ourense natal: «Conmigo fueron muy justos: tuve todos los arrestos posibles, pero todos los merecí. Me escapaba para ir a la fiestas de O Couto y sabía lo que iba a pasar si me pillaban, pero era un chico joven y me lo tomaba con humor», cuenta. Entre los castigos, recuerda con especial dureza el día que coincidió en el calabozo con un preso juzgado por asesinato: «No me lo había tomado nunca en serio, pero en ese momento pasé miedo».
Antonio Durán, Morris, fue uno de los jóvenes que buscaron la trampa de la ley para librarse de la mili. «Aprovechando que tenía un problema de pesadillas, le pedí al médico un certificado potente y cuando lo presenté me internaron una semana en psiquiatría para militares de A Coruña», explica manteniendo la sorpresa que le causó aquella resolución. Su caso llegó al tribunal militar donde finalmente descubrieron que era apto y volvió a estar en las listas para incorporarse al servicio. En ese momento, Morris se casó y al poco perdió a su padre, y se le ocurrió pedirle a un amigo un carné de agente comercial: «No era nada fácil librarse, dije que mantenía a mi madre, mi mujer y mi hermana como representante de ataúdes, cuando en realidad hacía lápidas por las mañanas y por las tardes me dedicaba al teatro».
Antonio Durán se libró de la mili cuando se dedicaba al teatro
Charly Domínguez entró como voluntario a los 17 años
Charly Domínguez entró como voluntario a los 17 años
Nonito pasó mucho tiempo en el monte de San Pedro