El profesor inquieto

La Voz

SANTIAGO

21 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Carlos Insúa nos dejó ayer de forma inesperada. Era profesor de Análisis Económico de la Facultade de Económicas de Santiago y, desde hace cuatro años, colaborador de La Voz. Paradójicamente, no nació en Boiro, pero se sentía de aquí, de la tierra de sus padres, con los que llegó de regreso de Argentina, junto a sus hermanos, siendo niño.

El motivo de este Obituario no es hablar de sus aciertos o desaciertos como columnista, sino del Carlos Insúa que tuvo abierta una ventana en la edición de Barbanza, a la que convenimos ambos llamar Más Madera, en recuerdo de aquel grito de Groucho Marx en la película Los hermanos Marx en el Oeste, y porque el cuerpo le pedía un compromiso con Boiro, cayera quien cayera. No se paró en prendas con sus artículos, algunos duros, otros geniales, y ninguno indiferente. Pronto se encontró de frente con la parte más dura que conlleva salir a pecho descubierto ante la opinión pública, que la otra cara de las felicitaciones es especialmente amarga, que algunos de los que hoy te dan la enhorabuena, porque el artículo les beneficia, te censuran mañana cuando las palabras no le favorecen. Pero ni eso socavó su libertad. Aunque le indignara la incomprensión, el desasosiego no le duraba dos semanas, y volvía con furia a luchar por lo que consideraba justo.

Carlos Insúa, a pesar de haber alcanzado un puesto relevante en la Universidade de Santiago y de, por motivos laborales, haber establecido su domicilio en O Milladoiro, nunca dejó de lado a Boiro y a sus vecinos. Siempre dio consejo y ayuda a quién se lo pidió, detalles infrecuentes en estos tiempos, de ahí que ora se le relacionase con un político de este partido, luego con otro del de enfrente, para más tarde con aquel de más lejos. Él se dejaba querer y se reía, y me decía: «Moncho, no tengo pensado meterme en política; pero si algún día lo hago...». Pierde Boiro a un buen vecino, a un embajador en la Universidad, a una persona culta... pero pierden más su esposa, su hija, sus padres y sus hermanos. Perdemos todos, pero nos queda su recuerdo.