El árbitro pitó el final en Benicarló y Álex, David y Alemao se fundieron en una imagen que condensa la marcha del Lobelle y el espíritu auspiciado por Tomás de Dios
30 nov 2010 . Actualizado a las 03:40 h.¿Por qué el Lobelle ha ganado la Supercopa, es líder de la División de Honor después de once jornadas y tiene virtualmente sellado el pasaporte para la Copa de España por octavo año consecutivo? Indudablemente, son muchos los factores que intervienen, pero todos suman envueltos en un denominador común, la buena química de un grupo laborioso y ambicioso a partes iguales.
El abrazo de Álex, David y Alemao que recoge el resumen videográfico del último partido así lo pone de manifiesto. Son tres generaciones distintas. Uno es recién llegado, el otro ya va por su tercera campaña en Santiago y el capitán, a sus 34 años y en su octavo curso en Compostela, disfruta con las ganas y la ilusión de un juvenil. Por cierto, a ese mismo abrazo se incorporaron desde el banquillo Marcos Vara y Palmas. Y ahí se cortó el plano, pero acabó llegando toda la expedición.
El liderato no deja de ser anecdótico, y más en la temporada en la que cambian las normas y se suprimen los cabezas de serie para la Copa de España. Pero el Lobelle lo disfruta y lo quiere.
Buena parte de ese espíritu de superación continua hay que apuntarlo en el haber del entrenador, Tomás de Dios, por más que su colega Jesús Velasco lo haya convertido en una fijación y lo haya vilipendiado. No ha habido cruce, porque el técnico del Lobelle ha optado por no entrar al trapo. Eso no quiere decir que sea indiferente a las andanadas.
Hasta la irrupción de Jesús Velasco, lo que había cosechado Tomás de Dios de sus colegas eran elogios, por su valentía para dar cancha a los jóvenes y por la manera de plantear los partidos. El propio Javier Lozano puso el ejemplo de la Supercopa de Vigo como una buena manera de proyectar la espectacularidad del fútbol sala.
José Carnicer, poco dado a las loas, alabó la labor de Tomás de Dios. Y en términos similares se pronunciaron Bruno García (Azkar), Luis Fonseca (Cartagena) o Juanito, entonces entrenador del Santa Coloma, entre otros.
La nota disonante la puso Velasco, que ha vuelto a la carga esta temporada. Ni los duelos Bilardo-Menotti fueron tan descarnados, si bien en este caso solo echa gasolina al fuego una de las partes. Sea como fuere, el equipo volvió a demostrar una vez más su capacidad de abstracción respecto de las circunstancias más adversas y su capacidad para competir.