El hachazo se quedó en susto

Xosé M. Cambeiro SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

La palabra dada por el ministro José Blanco es lo único que hace disipar las dudas sobre los recortes de las grandes obras

01 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Esta ciudad no gana para sustos. Uno veía pasar de largo el fantasma de los recortes en las obras en marcha, más que nada porque así se lo aseguró el ministro Blanco al alcalde, cuando ve reflejado en la lista negra (denominémosla de reprogramación, que queda más tecno y moderno) el túnel del Hórreo. Y no con un corte de tijeras, sino de hacha: se llevaba por delante nueve millones, y con ellos las máquinas.

Todo se quedó en un susto. ¿O no? En qué estaría pensando el reprogramador. Al alcalde le restó dos años de vida, aunque luego se los repuso José Blanco al ratificarle la continuación normal de la obra. En política los compromisos son muy bien recibidos, pero se deslizan tan fácilmente por el tobogán del olvido que Bugallo no se separó del teléfono. Habló unas cuantas veces con el ministro y, no contento con ello, le envió también un correo electrónico.

Y es que la paralización de Galuresa supondría para su credibilidad un tremendo puntillazo (perdón por la terminología del Parlament . Por cierto, no estaría de más prohibir el hambre en el mundo, que también da cornadas). Más de uno estuvo a punto de empuñar un rotulador y un cartelito para exhibir la palabra «dimisión». Y el alcalde, a su vez, ideó seguramente lo mismo para el reprogramador de Fomento. Pero el ministro es el que manda. Y eso significa que el Hórreo (sería una pena que se quebrase abruptamente su impresionante ritmo) estará listo antes de plazo.

Eso está muy bien para el Hórreo, en donde la gente ansía ver rematada la actuación, pero recelosamente bien para otras infraestructuras, como la terminal de Lavacolla. Que una obra discurra a un ritmo relampagueante y su acabado sea perfecto es una aspiración obvia, pero hay veces en que la segunda premisa falla con estrépito.

El acelerador llega tan al fondo (cuidado las subcontratas, hay sindicatos al acecho) que las previsiones oficiales indican que la terminal estará disponible nada menos que medio año antes de lo previsto. Una barbaridad. Y un dato que, bien administrado, hubiera supuesto que miles de pasajeros estuviesen a estas alturas del Xacobeo bajando por las escalerillas hacia un recinto deslumbrante.

Pero hubo ahí un par de años que la hoy eurobanquera Magdalena dejó como versos sueltos en el poema de Lavacolla, que empezó larghíssimo y elegíaco y termina allegríssimo y con las autoridades batiendo palmas. Pero por desgracia las máquinas no maniobraron en esos dos años perdidos tras la adjudicación, el Xacobeo ya discurrió, las obras no causan serias distorsiones, no hay subvenciones que puedan perderse y las prisas no son buenas consejeras. Es decir, la gente prefiere un proyecto de impresión, con el mejor acabado y sin tan drástico ahorro de tiempo. En medio año Oporto no descalabra a Lavacolla.

El tercer palo de la baraja de no recortables es la entrada del AVE. Ya saben que hay un viaje comprometido entre Santiago y Ourense para noviembre del 2011 y ese tren Blanco no quiere perderlo. En la vaguada de O Castiñeiriño no podrá saludar al gentío, pero es un sacrificio que el vecindario le agradece en el alma, pues el falso túnel contribuyó a taponar una herida medioambiental en un barrio donde han impactado muchos viales. El ministro cumplió la promesa de la cubierta, y eso ayuda a que la ciudadanía dude menos del plazo de noviembre.

Y el cuarto palo de Fomento es la AP-9. El Ministerio está poniendo en orden las sugerencias de entidades y particulares, pero ya se ha fijado sin duda en la coincidencia de uno de los mensajes: solución vial en el área norte. Si todos apuntan hacia ahí, Fomento no puede erigirse precisamente en la excepción que confirme la regla. Tiene un proyecto moldeable entre manos que puede atajar los males de San Lázaro y, de paso, no discriminar a nadie en los giros por razones de raza, credo o procedencia del norte o del sur.