Un polvorín pintado de verde

Nacho Mirás SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

La maleza campa a sus anchas y rodea peligrosamente viviendas, aldeas y urbanizaciones en el entorno de Santiago, donde apenas se ha desbrozado

27 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El entorno de Santiago es un polvorín. Parece que no hubiéramos aprendido nada de la terrible oleada de incendios que, en el verano del 2006, asoló Galicia y se cebó con especial intensidad en las tierras de Compostela.

Basta un pequeño recorrido por las zonas que resultaron más perjudicadas aquel año catastrófico para darse cuenta de que muchas viviendas corren serio peligro en caso de que vuelva a arder el monte.

Uno de estos lugares es O Romaño, donde el fotógrafo Xoán Álvarez recogió una instantánea, luego premiada, en la que un bombero rescataba a una anciana de su casa, rodeada por las llamas. Lejos de estar fuera de peligro, aquella vivienda y muchas otras de la zona están, cuatro años después, unidas al peligro por un manto de maleza todavía verde. Pero, cuando se seque, y eso ocurrirá antes de que se acabe el verano, toda esa materia vegetal será como un reguero de gasolina.

La maleza campa a sus anchas por todas partes. En Vidán, donde Santiago Sande consiguió salvar una larga y estrecha finca que se divisa en lo alto, frente al Hospital Clínico, el riesgo es de nuevo evidente. En agosto del 2006, Santiago mantuvo a raya al fuego gracias a los altos muros que circundan su propiedad. Hoy, sin embargo, los helechos tienen tanta altura, a ambos lados del solar, que pasan por encima del cierre y se meten directamente en el terreno. En el monte que linda con la propiedad de Sande todavía se pueden ver los restos de los pinos que ardieron aquel verano del 2006 en el que Galicia fue una antorcha.

Unos metros abajo, a orillas del Sarela, la situación no es mucho mejor. La vegetación puede tener incluso su punto romántico, pero deteniéndose solo un momento uno se da cuenta de que el matorral acaricia paredes y tejados peligrosamente, con el riesgo que eso conlleva.

En las urbanizaciones de las afueras, estén o no en terreno municipal de Santiago de Compostela, hay motivos de sobra para preocuparse. Lo de Aldea Nova, en Ames, casi llegando a Bertamiráns, clama al cielo. El monte que circunda los terrenos urbanizados es tan salvaje que cuesta abrirse camino en él.

La maleza, incluso árboles renacidos después de lo del 2006, tiene tanta altura que pone en peligro la línea de media tensión. La frondosidad es tal que nadie que pase por la calle se dará cuenta de que, frente a una de las vías, alguien ha utilizado el monte como vertedero incontrolado y ha depositado restos de asfalto y escombro; la vegetación hace las veces de cortinón y lo tapa todo.

Una de las pocas zonas que se salva, sin embargo, es la urbanización Parque Montouto, entre Santiago y Teo. Allí sí que se ha realizado una intensa tarea de desbroce, con lo que el riesgo de que las viviendas resulten perjudicadas por el fuego ha disminuido.

Donde también se han aplicado es en el mantenimiento de la autopista AP-9. Las brigadas a las órdenes de Audasa han dejado completamente pelados los bordes de la vía, curándose en salud ante lo que pueda venir.