Jesús Chenel considera que casi se siente obligado a decir que las ayudas «no son suficientes, pero el empresario no puede adaptarse a vivir de las subvenciones. Bienvenidas las ayudas, pero hay que aprender a vivir sin ellas. No podemos estar viviendo siempre de los padres, en algún momento hay que ser mayorcitos y arrancar solos».
-¿Animaría a los jóvenes emprendedores a montar una empresa en la situación actual?
-Sin lugar a dudas, pero con cabeza. Yo monté la empresa en plena crisis del 93, no era tan fuerte como ahora, pero mucha gente me decía que estaba loco. La crisis te pone en tu sitio y te hace sentar la cabeza; te enseña a gastar justo lo necesario. Yo aconsejo a los emprendedores que creen su empresa; se debe invertir con cabeza, nunca a lo loco.
-¿Qué es lo más complicado en el inicio?
-El acceso a la financiación. El emprendedor no tiene ninguna facilidad. Tiene ayudas del Igape, del Equal, pero el dinero no lo dan ellos. Y llevamos mucho tiempo en el que las entidades financieras financian casi a quienes no lo necesitarían. Esto está frenando no solo la creación de nuevas empresas, sino al empresario en general. No es fácil tener dinero para montar esta empresa (en alusión a la suya); y, si lo tienes, a lo mejor decides no invertir y no te complicas la vida.
-¿Hay que meterle mano a las entidades financieras?
-No tengo ninguna duda. Eso es la clave; yo no sé la forma, pero o se abre el crédito o esto va para largo. Todos vivimos a base del crédito, menos cuatro o cinco. Cuando yo empecé mi carrera empresarial pagaba los intereses al 180%, pero nos daban dinero. De qué me sirven los intereses bajísimos si no dan dinero. Quizás sean mejor que los pongan un poco más caros, pero que lo presten. Es fundamental para reactivar el consumo.
-¿Cómo afecta la crisis al tejido empresarial de Santiago?
-Decir que no afecta sería mentir, pero el Tambre es un polígono consolidado, con empresas asentadas. Por fortuna, no hay cierres ni despidos masivos. Nuestros empresarios supieron aprovechar los buenos momentos y guardar para ahora. Estamos a la cabeza de cualquier ciudad, damos la talla. Las empresas funcionan con nuestra gente; el dueño de una empresa no quiere cerrar ni despedir a su gente. Son los trabajadores los que mantienen a la empresa en pie; ni el director ni el gerente ni el dueño, por muy dueño que sea.