Las obras del casco histórico y de las travesías llegan en un año inoportuno por la rigidez de miras de la Xunta
07 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Esa pasarela montada en uno de los accesos a la praza do Obradoiro no es la mejor estampa que le puede cuadrar al escenario más universal de Santiago. Y mucho menos las montañas de tierra y escombros que delatan la mano del hombre en una zona en la que debía estarse quieta durante estas fechas. La concejalía de Cidade Histórica ha asumido el riesgo, más que claro, de tener el corazón de la ciudad abierto y sangrante en el Xacobeo. Una actuación de este tipo, donde los vestigios arqueológicos suelen unirse a la fiesta, puede destrozar cualquier plazo y exhibir un monumental boquete en plena riada jubilar. Y no son obras para hacer este año en manga corta.
Hay compostelanos que se preguntan por qué, habiendo una travesía tan larga entre un año santo y otro, los turistas de este primer trimestre (¿solamente el primero?) tienen que verse discriminados a la hora de disfrutar de un sosegado paseo y de una atractiva visión de la monumentalidad que flanquea la plaza do Obradoiro. Y de captar límpido en sus retinas y en sus cámaras el patrimonio mundial.
Había once años para meterse en ese costal reurbanizador, pero se ha aprovechado el tránsito al año grande de Santiago. ¿El motivo? Socorro García, la portavoz del BNG, pone en la picota a la Xunta por su «vontade política de dificultarlle ó Concello» la materialización en los períodos adecuados. de los recursos autonómicos destinados al casco viejo. O a otras zonas de la ciudad (travesías). Es decir, Raxoi ha tenido que actuar así porque pendía sobre las obras la espada de Damocles de su exclusión del listado económico de la Xunta.
Ya bastante sufre la ciudad con el corsé del plan estatal como para enfajarla con el autonómico. La Xunta no tenía por qué sujetarse a un calendario rígido, pero hubo quien pensó eso mismo y se llevó el chasco de su vida al cerrársele el cajero de San Caetano en sus narices.
En las barbas del Apóstol
En el casco viejo ofende la abrupta imagen y el latazo de una intervención distorsionadora en las barbas del Apóstol, cuando el escaparate histórico-artístico debe brillar más que nunca. Y en las travesías late el trastorno del tráfico de la ciudad. A poca gente se le ocurre poner patas arriba la avenida de Castelao o de Galeras sonando el amplificador de los lamentos de Galuresa y de otros puntos más o menos concurridos.
Si la Xunta fuese compasiva, este año santo la ciudad podría ofrecerle un mejor escenario a los visitantes, mediante la redistribución de las anualidades correspondientes a las obras. Pero cómo se las gasta la Xunta lo sabrá el Concello, que con el temor metido en el cuerpo resolvió autorizar a las empresas adjudicatarias de la remodelación de Santa Marta a hacer acopio de materiales para justificar la anualidad. A Raxoi se le erizan los cabellos de pensar que una partida se puede ir al garete por no ponerla en circulación. Olvídese de Galuresas, años santos y avenidas levantadas. Perder una obra, sea E o A, no cabe en la cabeza municipal por mucha tinta airada que destilen en los medios las quejas ciudadanas.
¿Por qué esa prevención? Porque la experiencia en otros pagos es aleccionadora y porque la política de austeridad fijada por la Xunta hace que los concellos sientan en sus carnes el riesgo de que una tilde mal colocada desplace los recursos hacia otros sitios, quizás más afines.
Y, desde luego, porque los escenarios electorales actúan como campos electromagnéticos de las políticas más inesperadas, dilativas o elípticas. «Fíxate no que pasa aí ó lado, en Teo», dice alguien del entorno municipal. ¿Y qué pasa en Teo? Pues que su alcalde ha tenido la osadía de presentar un plan xeral en estos tiempos que corren. Puede llegar bien o mal informado, pero tal como está el panorama legal cualquier párrafo que tenga otra lectura puede dar al traste con el documento, que no fue recibido de vuelta en Teo precisamente como un hijo pródigo.