«Lo peor de Haití eran las chabolas hechas de lapas, hojas y bloques»

Leal Coello

SANTIAGO

Ángel Bañobre regresó de La Española diez días antes de que el terremoto asolara parte de la isla, pero, como cooperante, no se siente afortunado

16 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Ángel Bañobre volvió a Galicia solo diez días antes de que ocurriera el desastre en Haití; se cumplía entonces el fin de su misión como cooperante en el país caribeño. La oenegé para la que trabaja este ferrolano con residencia en Santiago, la Fundación Cume, se encarga de la mejora del desarrollo en esa parte de La Española, con proyectos financiados por la Asociación Española de Cooperación. Su objetivo entonces estaba dirigido a asistir a un país que mantenía la renta per cápita más baja de Occidente, y que está considerado como la nación más pobre de América. Ahora, tras la tragedia, toca «volver a empezar», y los esfuerzos se enfocan hacia otros fines, derivados del terrible seísmo.

-¿Cómo se vivía en Haití antes del terremoto?

-Las infraestructuras eran muy precarias. A principios del 2009, en Puerto Príncipe se desplomaron dos colegios por la debilidad de las construcciones. No había controles ni inspecciones, solo de forma privada. También los hospitales, las canalizaciones o las carreteras eran estructuras muy básicas. La capital era la única ciudad que tenía entonces agua canalizada. El resto de ellas, en especial al sur, la recibían a través de camiones cisterna. Pero lo peor de todo son las viviendas; en Puerto Príncipe, casi la mitad de los barrios estaban formados por chabolas cuyos materiales de construcción eran conchas de lapas, hojas y bloques de cemento, muy vulnerables a cualquier desastre natural. El nivel de vida era realmente bajo, vivían con dos dólares al día, y muchos niños hacían solo una comida, la que recibían en el colegio. Consistía en una ración de arroz, agua, frijoles, y algo de pescado o carne.

-¿Cuáles son ahora las necesidades más urgentes?

-Primero, restaurar las comunicaciones y recuperar a la gente que haya desaparecido. También hay que controlar los cadáveres, que no se produzcan situaciones perjudiciales para la salud. La falta de atención a otras zonas del país es también preocupante; están incomunicadas, y pronto carecerán de abastacimiento eléctrico y de agua. Al no tener información sobre lo que ocurre, la gente se desplazará a Puerto Príncipe, y entonces se multiplicará el efecto. Hay ciudades al sur en las que se han caído hasta el 30% de las viviendas, y esas también necesitan apoyo.

-¿Ha conseguido hablar con amigos o compañeros que se quedaron allí?

-Directamente no hemos podido. Tenemos algunas noticias gracias a los correos electrónicos, Facebook o Skype, y todos parecen estar bien; cualquier otra cosa ha sido imposible.

-¿Piensa dejar Santiago y volver para ayudar?

-Estaba planeado que viajara dentro de poco, pero después de esto, hay que volver a organizarse para saber dónde y cómo actuar. Desde luego, mi intención es ir.

-¿Según su experiencia allí, cuáles son los problemas para que llegue la ayuda humanitaria?

-Hay una situación nueva, comparada con lo ocurrido en el 2008 tras los huracanes. Desde la capital, tanto el Gobierno como la ONU utilizaron sus operativos al 100%, y en pocos meses la ayuda se estaba ejecutanto. Ahora no se tiene esa coordinación, así que es muy importante que se reconstruyan ambos.

-¿Cómo afectará esta catástrofe al país cuando el resto del mundo se haya olvidado?

-Es un riesgo que este tema desaparezca de los medios de comunicación. Desde un punto de vista económico y social, puede que Haití retroceda a la situación del 2004, cuando se produjo la gran revuelta social tras la salida del presidente, que llevó a la intervención de la ONU. Ahora, hay que volver a empezar.

-¿Cuánto tiempo tardará en recuperarse?

-Es precipitado estimarlo sin tener la evaluación de los daños. Calculo, por otras reconstrucciones, dos años como mínimo.

-Como cooperante, ¿se considera afortunado por haber vuelto justo antes de que ocurriera, o desafortunado por no poder ayudar desde allí?

-Mi mujer respondería lo primero, pero lo cierto es que a mí me gustaría estar sobre el terreno.