Campanas de boda en Sar sin necesidad de katiuskas

La Voz

SANTIAGO

María Gallego Blanco y su ya marido, Íñigo Paz Esquete, pudieron cumplir su sueño de casarse en la colegiata de Sar y no tuvieron que echar mano de las katiuskas, cosa que hubiera afeado considerablemente los atuendos y las fotos del reportaje gráfico.

El cura párroco de Sar, José Porto Buceta, no las tenía todas consigo el domingo, cuando la tromba que descargó durante la mañana convirtió el interior del templo en una enorme piscina románica que tuvieron que achicar los bomberos. Ayer, la cara que lucía la colegiata era bien distinta. Porto pudo oficiar la misa de las doce; y a la una sonaron, literalmente, campanas de boda para dar la bienvenida a María y a Íñigo. La novia, como es habitual en estos casos, se hizo esperar. Y llegó a la iglesia diez minutos después de la hora a la que estaban convocados los invitados.

De la inundación del domingo no quedaba ni rastro. Y don José mandó colocar la alfombra roja sobe el empedrado para que la pisaran los novios.

Dicen los expertos que la inclinación de los muros de Santa María la Mayor y Real de Sar se debe, entre otras cosas -se habla también de falta de previsión a la hora de construir el templo- a la propia naturaleza pantanosa del terreno. En pleno siglo XXI todavía no se ha conseguido acabar con las inundaciones que sufre de manera habitual esta joya del Románico. El concejal de Obras, Bernardino Rama, tiene sus esperanzas puestas en que el ojo robotizado de Aquagest pueda ayudar a detectar problemas en las canalizaciones de la Iglesia. Para el cura, es más sencillo: bastaría con mantener limpio el cauce del río.