Los partidos del Beirasar Rosalía son ciclotímicos. Lo mismo el equipo coge una racha que le lleva a dejar aparentemente sentenciado el partido (como ocurrió en el tercer cuarto, cuando abrió una brecha de diecinueve puntos), que entra en barrena y ve como un rival sin muchos recursos le remonta hasta igualar (sucedió a falta de 6:18 para la conclusión).
La victoria se quedó en casa porque los catalanes no supieron aprovechar su gran oportunidad, en el último cuarto, y porque los santiagueses, de vez en cuando, se acordaron de defender. Cuando apretaron los dientes, dominaron. Y ni siquiera la discutida y discutible actuación arbitral hubiese servido como excusa.
El primer cuarto resultó feo y extraño. El conjunto de César Iglesias apenas anotó desde el perímetro. De hecho, tanto los pívots como los jugadores de fuera (salvo una canasta de dos de Kangas y un par de tiros libres de Joseph, que recibió una personal cuando se había levantado desde más atrás de la línea de 6,25 metros) firmaron sus puntos en las cercanías del aro. De no ser por las pérdidas de balón, hubiese abierto renta ante un rival que siempre estuvo pegado en el electrónico.
El técnico local abrió el segundo acto con cuatro jóvenes gallegos (Ferreiro, Merino, Posse, Pantín) y con Joseph. Trataba de proteger a Vereen y a Legasa de las faltas personales, y los chavales amagaron con romper el partido.
El Tarragona ajustó resortes en la retaguardia, sacó provecho de las situaciones de dos contra uno y obligó al Rosalía a alargar las posesiones. Curiosamente, el cinco colegial encontró el camino hacia los triples en dos ocasiones apurando al máximo, en sendos lanzamientos de Merino y Kangas.
Despegue y contracción
De vuelta de los vestuarios asumió el protagonismo ofensivo Vereen, hasta entonces muy desaparecido. Dieciocho puntos suyos y cinco de Kangas completaron un parcial 22-6 y pusieron en el marcador el 53-34.
Instantes después se le fue la inspiración al pívot americano y al Rosalía, que encajó un preocupante 5-18 producto de una defensa repleta de agujeros. Coincidió esa fase con la irrupción del visitante Guirao, que firmó doce puntos sin que nadie acertase a pararlo.
Las distancias siguieron estrechándose, y no solo eso. El Tarragona llegó a ponerse un punto arriba después de que a Legasa le pitasen una inexistente falta que debía haber caído en el debe de Thompson. El pívot pateó el balón y recibió la técnica, que hacía la quinta personal.
Cuando peor pintaba el partido y más apretaba el zapato, Kangas pidió el balón y se fabricó un triple. Le siguieron un par de canastas dobles de Joseph y Vereen y otro triple del especialista en la larga distancia. En cuanto el Rosalía cerró el camino hacia su aro recobró el mando, y esta vez ya no lo cedió.