Marcianos (y II)

La Voz

SANTIAGO

Ayer no se hablaba de otra cosa en la ciudad. En el atasco del Hórreo, de coche a coche, los compostelanos se preguntaban quién habría entregado primero la petición de comparecencia en pleno, si la intrépida concejala del PP o el atribulado edil nacionalista. En los negocios de la calle Gómez Ulla, los propietarios, apostados en la puerta con los pies llenos de barro, comentaban con los peatones ojerosos -por los ruidos de la noche anterior- que lo de las facturas de Incolsa era un error habitual entre los que manejan papeliños en la administración. Aprovechando el retraso del bus, las madres ignoraban a sus hijos en las paradas de Virxe da Cerca y discutían airadamente sobre la normativa plenaria, tratando de discernir si el alcalde se había excedido o el jefe de la oposición hacía teatro. Sin tiempo para analizar todo el reglamento ni para llegar a un acuerdo, las vibrantes diatribas languidecían cuando asomaba el autobús amarillo con destino a... Marte.