«Las conversaciones en Miami sobre el concierto eran si el pueblo al levantarse vería algo nuevo»
SANTIAGO
Ningún cubano, del interior o la diáspora, ha sido ajeno al concierto Paz sin fronteras que abarrotó la Plaza de la Revolución y aledaños con más de un millón de habaneros mientras a unos 140 kilómetros, en Little Havana, miles de cubanos seguían el evento retransmitido por cinco canales hispanos de televisión y unos cuantos hacían de la paz un sayo de golpes teniendo que poner la policía frontera por medio. -Como cubano que vive entre La Habana y Miami, ¿qué significado ha tenido para usted este evento? -Yo fui invitado al concierto, porque de hecho Yerba Buena estaba allí. Cuando me llamaron yo les dije que tenía una serie de compromisos que no me parecía bueno abandonarlos. No obstante, el hecho de que Juanes vaya a Cuba para mí no es una situación que tenga nada que ver conmigo. Las conversaciones en Miami eran si el pueblo mañana al levantarse iba a ver algo nuevo. -¿Pero no cree que puede ser una puerta que abra la posibilidad de que los músicos cubanos puedan tocar en Estados Unidos y los cubanos de aquí en Cuba? -Para mí es un concierto con un significado político. El hecho de que a los artistas los lleven allí es un márketing y una prefabricación. Yo en el 2002 hice mi aparición en La Habana, rompiendo las leyes del bloqueo. Ni me lo pensé. Lo hice porque lo sentí. -El hecho de que miles de personas respondieran a la cita parece avalar que el pueblo cubano quiere aperturas. ¿No le parece? -Eso significa que el sistema de márketing del mercado internacional funciona hasta en Cuba. La pena es que ese sistema no funcione para que los músicos cubanos se conozcan allí.