Los más de seiscientos niños saharauis que llegaron a Galicia en julio se despiden esta semana de las familias que los acogieron durante los dos meses de vacaciones
02 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Ya asumes que se tienen que ir», explicaban el lunes, desde el aeropuerto de Lavacolla, algunos de los padres y madres que han acogido este verano en sus casas a niños saharauis. Después de dos meses de vacaciones en Galicia, 240 pequeños tomaron el avión con destino a los campos de refugiados del Sáhara. Ayer se sucedieron dos tandas más.
Durante los últimos meses de julio y agosto, la comunidad acogió a más de seiscientos niños en municipios de todas las provincias. Siete de ellos residieron con familias compostelanas. Representantes de Solidariedade Galega co pobo Saharaui y de la organizadora del programa Vacaciones en Paz destacan, año tras año, la importancia que representan las familias colaboradoras, ya que sin ellas sería imposible desarrollar el programa.
Un amplio pasillo separa la sala en donde se encuentran los niños, que forman la cola para embarcar, de las familias que aguardan a que «pasen pronto otros diez meses para que vuelvan». Son las doce y cuarto de la noche y ya no se ve a ningún niño: han subido todos. Tampoco se atisba ni un ápice de tristeza o angustia en los rostros de los padres que se quedaron hasta el último minuto con ellos, aunque fuese a través de dos mamparas. Sus corazones parecen estar cubiertos de formol, curtidos en mil batallas por la libertad y la solidaridad: algunas familias llevan más de diez años dentro del programa Vacaciones en Paz.
La sala, llena de papeles, todavía rezuma un aroma juvenil. No hay dolor, aunque ninguna familia primeriza se encuentra en Lavacolla. Para el resto, el tiempo se ha detenido tan solo por un instante. Un instante que dura lo que tarda en llegar diciembre, para poder viajar con los brazos abiertos a los campos de refugiados y devolverles el cariño forjado después de tantas experiencias juntos. «Solo quedan dos meses», señala María Concepción Carrajo, vecina de Verín.
Visitas correspondidas
Además de en Navidades, antes de que los menores de entre siete y doce años regresen a Galicia en verano -muchos de los participantes repiten- las familias también podrán visitar sus campamentos y conocer a sus allegados en Semana Santa. Entretanto, sus mentes vagarán por los recuerdos de sonrisas felices, preguntas curiosas y caras de interrogación, aunque la mayoría «ya no se sorprende al abrir un grifo o al encender la luz», aclara Mayte Martínez, vecina de Narón y que ya lleva 14 años acogiendo a estos pequeños en su hogar. Mientras, aquí son los colegios y los campamentos los que abren sus brazos para ofrecer a las familias españolas durante unos días un entorno más sosegado lejos de sus hijos, para ayudarles a instaurar en sus casas un verdadero ambiente de paz y tranquilidad.