En las curtienses tierras de Josechu

SANTIAGO

La concesión de una calle a Xosé Sánchez Bugallo en su localidad natal por un gobierno de signo muy distinto representa una rara avis en el panorama político

02 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Un cierto día, hará catorce años o quince años, viajaban la compañera del redactor (Ana) y este mismo por tierras de Teixeiro (Curtis), y a Ana se le ocurrió visitar a una señora que había conocido en una reunión de mulleres rurais en Lalín. Preguntando se llega a las escalinatas del Capitolio y la pareja llegó a la casa, una casona antigua, en la que residía Isolina, el nombre de la dinámica y amable anfitriona.

Isolina contó que en aquella casa pasaba largas temporadas o residía prácticamente un niño que se llamaba Josechu. Y que ejercía de concejal en Santiago. Terminó de identificarlo: José Sánchez Bugallo. Y apostilló que «de cativo sempre soñaba con ser o que é agora».

Este redactor se dedicó a bucear en la preciosa y dieciochesca biblioteca del viejo dueño de la casa señorial y antepasado del regidor, Pedro Antonio Sánchez, un cura ilustrado cuya influencia llegó a la corte del Rey-alcalde Carlos III y que ejerció de canónigo en Compostela. En la capital gallega fundó una institución aún vigente, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, aparte de varias academias y alguna carretera, como buen ilustrado. En Santiago se murió. Su biblioteca encierra varios tomos de economía, justamente la literatura favorita del futuro regidor compostelano.

De la anécdota a la categoría. Josechu logró cumplir su sueño infantil y, por añadidura, su nombre va a figurar en una calle de Curtis, su municipio. Lo sorprendente, y lo memorable del asunto, es que el promotor de la iniciativa no es otro que el alcalde del Partido Popular, Javier Caínzos. Curiosamente, también figurará en los rótulos de una rúa Pedro Antonio Sánchez Vaamonde (sobre su economía política hizo un estudio Xosé Manuel Beiras), incomprensiblemente ausente del callejero de Curtis.

El espíritu de la ilustración impregnó en cierta forma al regidor Caínzos, que no tuvo empacho en dedicarle la calle a Xosé Antonio Sánchez Bugallo pese a pertenecer a un partido rival como el PSOE. Algo parecido ocurrió en Monterroso cuando los populares respaldaron al entonces conselleiro socialista Fernando Salgado por tratarse de un egregio hijo de la villa.

No son casos frecuentes, y a menudo la política golpea como un martillazo al contrario sin rubor. Viene a la memoria la denostada actuación del alcalde popular de A Baña cuando, hace unos años, torpedeó una celebración festiva de los socialistas presidida por José Luis Rodríguez Zapatero, por entonces jefe de la oposición a Aznar y futuro presidente. Muy lejos de las miras institucionales de Javier Caínzos. La otra cara de la moneda. Xerardo Estévez condecoró al político conservador Javier Rupérez, quien le expresó a este redactor su asombro porque un alcalde socialista le había otorgado la distinción.

El bautizo de las calles es más memorativo que las medallas. Existen puntos de vista en torno a que las denominaciones, o la dedicatoria de monumentos, tengan como referentes a políticos en activo. Hay versiones para todos los gustos y cada corporación es dueña de su finca. Unos lo ven correcto y otros, no. La sal y la pimienta se desbordan sobre todo cuando el político de turno entraña una fuerte controversia, como es el caso de Manuel Fraga, a quien su pasado le apartó irremisiblemente de un lugar en los muros capitalinos. Curiosamente, fue Sánchez Bugallo el que propuso al ex presidente autonómico.

¿Y el PP compostelano? No se muestra amusgado por la decisión del municipio curtiense, regido por correligionarios. Si la procesión va por dentro, la exquisita corrección va por fuera. Es competencia de otro Concello. Y Bugallo es un ilustre vástago de ese territorio hasta ahora cruzado por el tren, cuyos responsables han pensado que merece sin duda una calle.