Imaginen: un misil derriba el botafumeiro; España lucha contra Las Kimbambias; ficción de pata negra
14 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los kimbambios están entre nosotros; el botafumeiro ha sido derribado por un misil tierra aire; occidente contra oriente. Carlos Eugenio López (León, 1954) es el autor de Abril, una novela publicada por Lengua de Trapo, de la que dice Miguel Baquero: «Cimentada sobre un punto de ironía, algo de cinismo y sustentado por unos diálogos muy ágiles, Abril va avanzando de forma amena y como sin sentir, atrapado el lector por la mirada aguda y cáustica que el autor vierte sobre unos hechos que, sin demasiado esfuerzo, pueden encontrarse en la siguiente esquina de la calle o apenas encender el televisor».
-¿Y cómo se le ocurrió que el botafumeiro fuese destruido con un misil?
-Soy medio gallego, mi madre es de A Coruña, aunque yo nací en León. Pero me pasé toda la infancia y la adolescencia en A Coruña y en las últimas novelas siempre saco a algún gallego o algo de Galicia.
-A ver, vamos a contextualizar la «desfeita»...
-En Abril cuento la historia de un pobre desgraciado, un chaval que acaba una carrera rara, que no encuentra trabajo y que ve un anuncio del Ministerio de Defensa...
-Y se alista...
-Sí, cree que lo tratarán bien. Se pasa un par de años sin hacer nada hasta que España declara la guerra a la República Islámica de Las Kimbambias. Y allá se va. Pero es una guerra rarísima. Como nunca ven a los kimbambios, aunque les han declarado la guerra, deciden que la guerra ha concluido y el protagonista se vuelve a España.
-Sigo sin ver lo del botafumeiro...
-Te cuento. El personaje trata de volver a Madrid, pero se encuentra con que la casa de su madre ha explotado. Todo está explotando, desde el Santiago Bernabéu hasta la plaza de toros de Las Ventas. Estos hechos extraños se atribuyen a la red de gas. Pero ocurre algo: un misil tierra aire derriba el botafumeiro, y eso no puede haber sido el gas. Así que se establece el contexto de que algo está ocurriendo, y lo que ocurre es que los kimbambios no estaban en Kimbambia porque están aquí, entre nosotros, haciendo la guerra desde dentro.
-Es una guerra extraña, pero tampoco parece tan desconectada de la realidad, metidos como andamos en conflictos raros...
-Es una metáfora de estas guerras en las que estamos metidos. Lo del botafumeiro lo elegí porque es todo un símbolo. La sociedad se da cuenta de que algo está pasando cuando se produce realmente este acto de sabotaje a la Cristiandad. ¡Santiago, y cierra España! El hecho físico de la destrucción, su descripción, no aparece como tal en la novela, sino como leit motiv.
-No tendrá malas experiencias con el botafumeiro...
-¡Qué va! ¡En absoluto! De pequeño siempre íbamos a Santiago el 25 de julio. Tengo muy buenas experiencias y, de la comida, mejores.
-En la novela, el humor negro se va torciendo...
-Es un humor negro un poco ácido, que siempre tiende a acabar en otra cosa. Pero, en esta novela, acaba de un modo patético.