Entre la verdad y el mito

Concha Pino redac.santiago@lavoz.es

SANTIAGO

No es fácil cumplir cien años, pero Concepción Castro Munín , Concha entre los suyos, los cumple el próximo domingo pletórica de vida y rodeada de una extensa familia. Concha es de Balado, en la parroquia compostelana de Santa Lucía, el lugar en el que vivió y trabajó toda su vida y donde crió a sus siete hijos, fruto de su matrimonio con Antonio Mallo , que falleció hace tres décadas. Los que conocen a esta longeva mujer alaban su generosidad y su buen humor, su afabilidad y una fortaleza que le ayudó a remontar el único problema de salud que padeció hace un par de años. Su prole se multiplicó con 20 nietos y 19 bisnietos, la mayoría de los cuales viven en Santiago y lugares próximos de la comarca, por lo que el domingo no va a dar hecho con tantos besos y abrazos.

La artista Neves Seara , ourensana afincada en Compostela, a donde regresó tras licenciarse en Bellas Artes en Madrid, volverá a sorprender con la exposición que inaugura mañana a las ocho de la tarde en la galería Espacio 48, Dalila después de Sansón... La habitación de Dalila . La joven creadora, que en el pasado mes de junio tomó parte en la segunda edición del Roteiro de Creación y ya mostró su obra en colectivas abiertas en la Casa da Parra y en la Fundación Granell, presenta una propuesta realizada expresamente para la galería de la Rúa do Vilar, dirigida por Charo Santiago y Cristina Moreiro . La sala se transforma en el lugar que habita Dalila , la mítica mujer que se libera del poder de Sansón para ejercer su condición de mujer. Neves la convierte en el centro de una intervención con la que explora en las relaciones de dependencia que existen entre hombres y mujeres y sobre la muerte.

La grandeza no la determina el tamaño, aunque a veces cuesta demostrarlo. Y si no que se lo digan al joven compostelano Luis Alberto Seoane , Lupi , que acaba de ganar por segundo año consecutivo el campeonato del mundo de futbolín. Fue el pasado fin de semana en Huelva, y con su pareja de siempre a estos niveles de competición, Manuel Amaya , que es andaluz. Sus contrincantes en la gran final también eran gallegos, una pareja formada por un joven de Boiro y otro de Serra de Outes. El premio para los ganadores no da para mucho, porque Lupi y Manolo se repartieron 2.500 euros. Pero ahora están preparándose para tomar parte en campeonatos de una modalidad de futbolín que no se juega en España, pero que al parecer cuenta con muchos adeptos en Italia y en los Estados Unidos. El campeón compostelano asegura que esta variedad del fútbol en miniatura mueve mucho dinero, y que con los premios y patrocinios de estos torneos sí que se puede llegar a vivir del futbolín. Será si siguen en racha y ganan.