Una noche caliente a 40 grados

SANTIAGO

El alcohol de alta graduación, la cerveza y el calimocho fueron los ingredientes de un cóctel que dio comienzo al curso universitario en la cálida noche del jueves

06 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

A las tres de la madrugada del jueves, una enorme masa de jóvenes se apiñaban en torno a la escalinata del campus, en la Alameda, como un rebaño de ovejas. Unas chicas llevaban en su espalda una L verde que las acreditaba como novatas. Moverse entre los jóvenes implicaba chocar con todos, porque estaban comprimidos unos contra otros. Dar un paso significaba arrastrar un montón de botellas, bolsas vacías, vasos y hasta bolsos. Para ir de un lado al otro del botellón había que emplear, como mínimo, quince minutos. La única alternativa era ir por la acera situada justo bajo el parque, algo nada recomendable porque esa noche el personal bebió mucho, y el que mucho bebe mucho tiene que evacuar. El jueves, entre las once y pico y las cuatro, comenzó el curso universitario.

El Concello, con el dispositivo formado por la Policía Local y la Nacional, apretó tanto en la zona vieja que convirtió la escalinata del campus en el único reducto para que los jóvenes bebieran. Ese lugar ya es, por pleno derecho, el botellódromo de Compostela.

De madrugada, el camión de Urbaser que barre las calles de la zona vieja se dirigía al Toural. Detrás, dos tipos se habían subido y miraban hacia un grupo que iba detrás jaleándolos, y gritaban como posesos. El camión dobló la esquina y los chavales saltaron. «Iba a full », pregonaba uno de los protagonistas.

El botellón, con todo, fue según lo previsto: los supermercados estuvieron a tope a última hora y los jóvenes fueron llegando a la Alameda en grupos. Los que tenían hielos triunfaron. También estaba previsto que hubiera un montón de desperdicios. Pero a nadie se le ocurrió colocar más contenedores.