Los vecinos de Loxo, en Touro, insisten en quejarse de los malos olores que desprende el antiguo yacimiento de Riotinto, que empeoran cuando hace calor
30 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.En Loxo claman por el invierno como por agua de mayo. Los vecinos de esta parroquia de Touro cuentan que con el mal tiempo apenas perciben los efectos del trabajo que la empresa Tratamientos Ecológicos del Noroeste realiza en la antigua mina de Riotinto. En el yacimiento, antes dedicado a la extracción de cobre, asentó su base de operaciones la firma para desarrollar un proyecto de investigación destinado a promover el reciclaje de residuos orgánicos en abono de alta calidad. Sin embargo, la finalidad del trabajo no justifica los medios.
Desde esta perspectiva, los vecinos de Loxo achacan a una incorrecta gestión del proceso el hedor que, desde hace dos años, aseguran soportar a diario. «Todos os días cheira, unhas veces máis e outras menos, pero é insoportable, sobre todo cando fai bo tempo», explica un afectado. Tras las jornadas veraniegas que la meteorología deparó hasta ayer, los parroquianos se han vuelto a hacer eco de sus quejas, que, en los últimos meses, motivaron a la Consellería de Medio Ambiente a intensificar los controles sobre los materiales que se emplean en el proceso de reciclaje.
El caso es que el olor sigue afectando a la rutina diaria de los habitantes de ocho aldeas de la parroquia tourense, que lo comparan «co cheiro dun animal en estado de descomposición transcurrido, polo menos, un mes». «Unha cousa é dicilo e outra é vivir aquí», afirma un lugareño convencido de que el hedor se distingue del que también procede de la vieja mina del municipio cuando se procede a la quema de los residuos urbanos que los concellos de Touro y O Pino depositan en los terrenos. Este hecho, causa de dos expedientes sancionadores abiertos por la consellería de Medio Ambiente, es un tema aparte para los vecinos de Loxo.
Su protesta se centra en las molestias que soportan como consecuencia de la actividad que realiza en el antiguo yacimiento Tratamientos Ecológicos del Noroeste, firma que cuenta con el apoyo de la Universidad de Santiago y de la Consellería de Innovación e Industria para desarrollar su labor. Las quejas vecinales han sido avaladas por Medio Ambiente. Hace un año, esta consellería abrió un expediente sancionador e impuso medidas correctoras a la empresa tras detectar en una de sus inspecciones en la planta que en el proceso de reciclaje se estaban utilizando mejillones con restos orgánicos. Al tratamiento de este material se atribuyó la causa de los olores denunciados también entonces por los vecinos. Se da la circunstancia que, por las mismas fechas, los afectados mantuvieron un encuentro con uno de los responsables de la firma «que se comprometeu a resolver o problema en decembro», cuenta uno de ellos.
Historia cíclica
Nueve meses transcurrieron desde entonces en contra del bienestar y de la salud de los vecinos de Loxo, que están convencidos de que el aire que respiran «ten que ser enfermo». Hastiados, han vuelto a recurrir a la denuncia pública para llamar la atención de la administración competente, a la que requerirán intervenir si otra queja más se queda en papel mojado. «No peor dos casos, recurriremos á vía xudicial», afirma uno de los afectados, que percibe «outro problema» que podría repercutir, negativamente, en la más eficaz medida de presión ante cualquier problemática común: la unidad vecinal. «Moita xente afectada traballa na mina», cuenta.
La historia, en general, es cíclica, y la particular de la antigua mina de Touro no escapa a esa máxima. Los puestos de trabajo que hace décadas generó la actividad minera acallaron cualquier protesta sobre los efectos medioambientales que tuvo en el cauce del río Brandelos. Tras el cierre del yacimiento y su adquisición por parte de la empresa Explotaciones Gallegas S.L., las críticas comenzaron a arreciar. La retirada de los equipos de bombeo y el cierre de la presa de decantación de las aguas contaminantes de la mina provocó que los residuos desembocasen en el río Laña, un afluente del Ulla. Ésta ha sido otra de las batallas que libraron los vecinos, aunque hace ya una década.