Los últimos nómadas en activo

María Míguez

SANTIAGO

Los feriantes de la Alameda dedicaron la jornada de ayer a desmontar los puestos, tómbolas y atracciones. Si el tiempo ayuda, harán su agosto por Galicia adelante

02 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

santiago | Para que unos se diviertan, otros tienen que trabajar. Esto se hace especialmente cierto en semanas como las que acaba de vivir Compostela. Lo que tiene de agradable llegar al paseo de la Alameda y poder tomarse un helado mientras se prueba suerte en la tómbola, lo tiene de duro la vida que quienes lo hacen posible: los feriantes.

Su calendario, al contrario que el de los demás, no se rige por cuatro estaciones. Para ellos existe la del buen tiempo, en la que se trabaja de lunes a domingo, y la del malo, cuando toca quedarse en casa reparando la atracción y preparando el calendario del año siguiente. Iván Noé Alcaraz Díaz, responsable de Pupo, una de las atracciones que estuvo estas semanas en Santiago, explica como «entre abril y octubre es la hora de quedarse en casa preparando la atracción para una especie de ITV que tenemos que pasar antes de que nos contraten para una fiesta».

En la época del verano, los desplazamientos continuos son el pan de cada día. Para la Tómbola Imperial, donde trabaja Juan Costas, «cada mes suele haber unas cuatro o cinco fiestas, en función de lo que dure cada una». El número es casi el mismo para la mayoría de los feriantes.

Para que la Alameda esté engalanada como el mes pasado, los feriantes han de realizar antes un duro trabajo. Cuando llegan a una nueva ciudad, lo primero que hacen es, como explica Amparo Barros, propietaria del carrusel infantil Gabylandia y de Aereobaby, «descargar la atracción y montarla. Acto seguido se conecta al tendido eléctrico para probarla. Si todo va bien, las entradas se empiezan a vender casi de inmediato». Durante el tiempo que dure la fiesta, la mayoría de propietarios de tómbolas, puestos o atracciones viven en caravanas que los acompañan a todas partes, ya que pagar una habitación en cada ciudad no sería posible. Asimismo, sus ganancias dependen de un factor tan inestable como el clima. Cuando vienen a Santiago, sea en la Ascensión o en el Apóstol, todos tienen en mente la posibilidad de que la lluvia haga que el parque se quede desierto.

A desmontar

Acabados los días festivos toca desmontar el tenderete. En el caso de las atracciones más grandes se necesita un día entero. Otras más pequeñas, como el Gusano, están listas para meter en el camión en unas tres horas. Y con todo empaquetado, vuelta al asfalto y rumbo a la siguiente feria. Es fundamental planificar bien el recorrido teniendo en cuenta la distancia y el tiempo para llegar de un sitio a otro.

Siendo una profesión tan dura, ¿cómo se deciden a ganarse la vida con ella? El caso más generalizado es que, tras compartir unos años haciendo este trabajo, las atracciones pasen de padres a hijos. Este es el caso de los propietarios de Gabylandia y de Aereobaby: Amparo Portas y su marido están en la taquilla del primero y su hijo en la del segundo. Iván Noé Alcaraz también estuvo con Pupo en Santiago mientras sus padres iban con otra atracción a las fiestas de Arteixo. Y es que este es un oficio duro, para el que no todo el mundo sirve, porque el feriante nace, no se hace.