Modernos obsequios y símbolos poco tradicionales sustituyen a las imágenes del Apóstol y pines del Pelegrín, reyes del mercado de los pasados años santos
14 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Los tradicionales comercios de la zona vieja compostelana han ido dejando paso a la apertura salvaje de tiendas de recuerdos desde el año 1993. Sin embargo, el número de ventas no ha correspondido de la misma manera: la llegada del euro y la proliferación de gran cantidad de nuevos artículos más económicos han ido desbancando las ventas de objetos tradicionales de Santiago de siempre. Carmen Calveiro lleva nueve años regentando una de las tiendas y lo tiene muy claro: alemanes y franceses son los extranjeros que más compran. Mientras a los primeros les encantan las conchas, los segundos se decantan por los artículos de madera que valoran mucho. Los portugueses también vienen aunque en menor medida, y los japoneses suelen ser excelentes compradores. Sin embargo, los españoles suelen ir a lo más económico, algo con lo que coincide Ramón Lamas de Anubía. Ya no se compra como antes y, todos esperan la llegada de agosto, el mes estrella de los turistas españoles. Todo va por temporadas. Mientras mayo y junio recibe a más visitantes foráneos es ahora cuando empieza la época estival por excelencia del español medio. Rosa Rodríguez, de la tienda Iris, también coincide en que «se notó mucho el descenso en los últimos años y ahora lo que más se llevan son objetos más baratos como tazas, colgantes para el móvil y demás parafernalia celta o muñequitos vestidos de peregrinos». Claro que uno de los principales condicionantes para comprar es el precio y, para ello no hay problema en Santiago pues se pueden adquirir artículos desde sesenta céntimos -el llavero más económico- hasta los 3.000 euros que cuesta una talla de madera del Apóstol, que más que un recuerdo sería un objeto de culto, así como piezas de azabachería y plata. Algo parecido ocurre con las figuras en miniatura de la Catedral y el Pórtico de la Gloria, cuyo precio oscila entre los seis y los cuarenta euros. Es una cuestión de tamaño porque «los pequeños desaparecen enseguida y los grandes son, simplemente difíciles de llevar», corrobora Neli Iglesias dependienta de Triskel. Oscilación de precios La imagen de Santiago es, con razón, una de las más asequibles, pues sus precios oscilan entre los 3 y los 10 euros. El mercado cambia y, desde hace dos años se venden catedrales barométricas, que indican el estado del tiempo, algo muy acorde con Compostela; paños de cocina para que sepas que «Santiago de Compostela se hace querer»; para los más pacientes, puzles del Camino; y el último lanzamiento, tangas con el nombre de Santiago, un éxito entre la gente joven. No falta la venta asegurada de las camisetas con todo tipo de eslóganes y el adiós definitivo al rey del mercado: el pin del Pelegrín. «Los de la flecha o la cruz se siguen vendiendo pero mucho menos. Ya no es lo que era, el Pelegrín se perdió definitivamente en el 1999», descanse en paz, y bienvenidas sean las camisetas de Lumes nunca máis, pues hay marcas que quedarán de por vida. La explosión del folk gallego se ha incorporado como otro de los atractivos de ventas. Carlos Núñez o Luar na Lubre se venden bien, pero no se cumplen las expectativas porque como rezan las camisetas, hay que querer mucho a alguien para llevarle un recuerdo de Santiago.