Los céntimos de la suerte

María Míguez SANTIAGO

SANTIAGO

Reportaje | El rito de los bares compostelanos

07 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Quién no ha tenido, en algún local del Franco o alrededores, la tentación de dejar una monedita en la pared de piedra, emulando a los turistas? Seguro que la mayoría. Si en Praterías o en la Fontana di Trevi podemos ver reflejos dorados y plateados entre los destellos del agua, en la zona vieja de Santiago, el marrón de la piedra de los locales se ha ido mezclando poco a poco con los destellos naranjas del cobre. Este ritual no tiene un esquema muy complicado. Llegar a un local, ver su pared de piedra encintada y depositar una moneda en sus ranuras, a la vez que se pide un deseo, parece ser todo. Sin embargo, el local en sí tiene importancia. La mayoría de los que atesoran estas monedas se encuentran en la zona del Franco y alrededores, todos ellos cafeterías o restaurantes. En esta misma calle se localiza la sede de un banco con pared de piedra donde, sin embargo, nadie deja sus cuartos. ¿Tendrá menos confianza la gente en que su deseo se realice si dejan ahí sus ofrendas? La iniciativa de colocar las monedas parte de los clientes, pero, ¿qué opinan los propietarios de los locales? En el Sant-Yago las sacan de cuando en cuando, para evitar que se acumulen y caigan al suelo. En Casa Rosalía, por el contrario, no las quitan, sólo desaparecen las que caen al piso. Lo cierto es que los muros del local ya casi no se conciben sin los circulitos brillantes. De uno, dos o cinco céntimos son las piezas que más abundan. ¿El criterio seguido? Puede que la importancia del deseo, aunque lo más probable es que la gente deje lo que más le moleste en el monedero. Hay gustos para todo. En O 42, Mariano Fernando ve que algún cliente coloca unos céntimos que al día siguiente ya no están. «Creo que las quitan las de la limpieza por comodidad», afirma. Incomodidades En As redes tampoco vemos monedas, por la incomidad para limpiar y porque «en varias ocasións tiven que cambiarlle o prato a un cliente porque unha moeda caera da parede e se lle mergullara na comida», declara Jesús Freijo. La pregunta que todo el mundo se hace es adónde va a parar ese dinero que recubre los muros. En el Sant-Yago no se destina a nada en especial, «ao fin e ao cabo, como moitísimo podemos recoller uns dez euros», cuenta Alfonso Fraga. La historia es bien distinta en As redes, donde, en una ocasión, recogieron casi unas 50.000 de las antiguas pesetas. Viendo que la cantidad era elevada, Jesús Freijo no osó meterla en la caja sin más y tuvo la idea de donarla a Manos Unidas. Buena iniciativa esta última. Mucha gente pide un deseo al depositar las monedas. Éste podrá realizarse o no, pero así, por lo menos, con este gesto, sí se estará atendiendo a la petición de ayuda de mucha gente.