Sin zona azul y a un paso del centro

Emma Araújo SANTIAGO

SANTIAGO

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12 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Aparcar en Santiago es toda una odisea. Hacerlo en el centro es casi un milagro. Por este motivo cientos de conductores han llegado a la conclusión de que si luce el sol lo mejor es abandonar el vehículo lo antes posible y utilizar el transporte más antiguo del mundo: las piernas. Las hileras de vehículos aparcados en el vial Sar-Pontepedriña confirman esta teoría, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ahora la grúa no acostumbra a cebarse con los malos estacionamientos del lugar. Los atascos y caravanas no distinguen entre Mercedes y Seiscientos. Las plazas de aparcamiento tampoco. Por eso, el vial Sar-Pontepedriña es un claro ejemplo de la variedad de usuarios que se apuntan al carro de la caminata para ahorrarse unos euros de la ORA y llegar al centro en apenas diez minutos. Con todo, la mayoría de vehículos proceden de zonas como Cacheiras y A Estrada. Tras las largas colas para llegar a la ciudad, encontrar una plaza de aparcamiento a las puertas de Compostela es la mejor forma de afrontar lo que queda del día. La línea continua de uno de los márgenes del vial no impide que los vehículos aparquen sin pudor, aunque en muchos casos los conductores intentan estacionar en las zonas habilitadas frente al parque Eugenio Granell. Sin embargo, lo que hasta hacer unos meses era una apuesta segura, se ha convertido en un punto negro más para los conductores. La misma práctica de aparcar en zonas prohibidas pero casi olvidadas por la grúa se mantiene también frente a la fachada del Hipercor y en las calles colindantes a los bloques de viviendas que rodean el centro comercial. Y como en la conducción los hay que son previsores al máximo, incluso hay quien opta por estacionar directamente en el párking gratuito del Centro Comercial Compostela.