«Voy a mi aire; soy el negrito cimarrón»

Ofo Castillo SANTIAGO

SANTIAGO

Cimarrón se le decía al esclavo que, harto de servir, se escapaba al monte para vivir en libertad. En busca del negrito cimarrón es el título con el que el pintor cubano David Planas bautiza su espacio en el ciclo Xoves poéticas surrealistas , en la Fundación Granell hasta el 21 de abril. -¿Quién es el negrito cimarrón y de qué se escapa? Yo lo soy. Se trata de una fuga de lo que se considera como arte contemporáneo. Huyo del conceptualismo, de una obra basada en proyectos en pos de una morfología moderna. Voy a mi aire. -¿Y de qué llena, entonces, su espacio en la Fundación Granell? -El espacio gira en torno a mi vida misma, mi personalidad o mi entorno. Como ejemplo, una obra incluye un bastidor de más de dos metros en los que entran juguetes. No son más que las buenas intenciones de los inmigrantes de cara a un nuevo mundo. -Su obra más reciente recupera el colorismo de su producción en Cuba, tras una época europea más gris. ¿Será que desde la Costa da Morte (donde vive desde hace cuatro años) casi puede verse su isla si miras en línea recta? -De hecho, el gallego que habita en esa zona tiene o tuvo mucho que ver con Cuba. Además, lo que aportó la cultura gallega en Cuba también tiene que ver con la forma de ser de la gente. Al salir de la Escuela Internacional de Artes Plásticas intentaba hacer una obra colorista, siempre abierta a las sensaciones que vivo.