San Francisco suma y sigue

Ángel Paniagua Pérez
Á. Paniagua SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

Venga a caer coches por las escaleras de San Francisco. A última hora del viernes hubo otro más más chulo que un siete que se lanzó a aparcar escaleras abajo. A falta de sitios... «El de ayer no lo vi, pero aquí ya estamos más que acostumbrados», dice divertida una de las chicas de una pastelería cercana, de las que ofrecen dulces de todo tipo. El último no fue muy grave, ya que ni se enteró la policía local, ni se enteraron en el Hotel Monumento San Francisco. Llegó el conductor, calzó el coche en las escaleras, llamó a la grúa y asunto solucionado. Pero a lo largo del año pasado fueron unos cuantos los turismos que quedaron encajados en las escalinatas. Debe de ser por culpa del éxtasis que provoca encontrar un sitio tan cercano a la catedral a quien viene a visitarla. Con todo, hay que reconocer que el sitio se las trae. Uno llega despistado, mirando para todos los lados porque no conoce la ciudad, ve que allí abajo hay coches aparcados y una señal con una «P», un hotel y una iglesia, y dice: «¡Ésta es la mía!». Y vaya si lo es, toda una escalera. Lo único que parece intentar impedir el paso es un bolardo bastante cascado que está por allí, como de paso. Qué poco costaría una señal.