Crónica | Los ecos del Bernabeu, en Compostela La panadería de los Viqueira Moure se convirtió en el epicentro de la alegría de un barrio que cubrió de felicitaciones a los padres del futbolista santiagués
21 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?n el área de Os Basquiños y entorno, como en otros puntos de Santiago, se vivieron con intensidad las peripecias del Real Madrid-Huelva. Pero en Os Basquiños el jolgorio fue mayor que en otros puntos de la ciudad. Y la culpa la tienen el juego y el golazo del compostelano Emilio Viqueira. El epicentro del júbilo es la panadería de la rúa do Espíritu Santo regentada por María del Carmen Moure, que cada mañana despacha decenas de barras a su fiel clientela. Una clientela que ayer se llevó su pan y entregó el importe y la propina de unas alborozadas felicitaciones a la titular del establecimiento. «Qué golazo. O porteiro non sabe por onde llo meteu», se hace cruces Mari Carmen, que sin embargo no quiso ver jugar a su hijo Emilio porque el nerviosismo le puede. Las jugadas sí las vio a posteriori. Su marido, Andrés Viqueira, un hombre normalmente tranquilo, tampoco vio el encuentro. Sobre él llovieron igualmente las enhorabuenas y, obviamente, tardó una hora más en realizar el reparto del pan por la ciudad. Sus dos hijas, forofas del jugador onubense, sí que no se perdieron ripio de lo que ocurría en el Bernabeu. Los clientes habituales de María del Carmen saben perfectamente de quién madre, pero quienes lo desconocen se soprenden al ver cómo otras personas le dispensan los más calurosos parabienes. No es habitual tanta efusividad en las felicitaciones navideñas. No reparaban en el Bernabeu. «Vengo exclusivamente a felicitarte y estoy orgulloso de que haya compostelanos como tu hijo», le espeta un cliente que, pese a la exclusividad de su misión, se llevó una barra. A otros les salió la vena irónica: «Home, Mari Carmen, gaña o Huelva e cóbrasme o pan». Se lo lanza su vecino Sindo, dueño de la tasca Antonia. En el ámbito de Os Basquiños es abundante la parroquia madridista. Pero no tuvo más remedio que sacarse el sombrero por el épico hacer de su famoso vecino. «Case todos os madridistas aplaudiron o gol do meu fillo», se emociona la panadera, mientras le acerca a este redactor la fotografía de Emilio con un admirador infantil que cuelga en la pared. «É un rapaz estupendo», sentencia. Le gustaría verlo, de dejar un día el Recreativo, en un equipo grande o en el Celta, el club de toda la familia. También a su marido Andrés, que ayer pudo percibir el afecto de vecindario y clientes por las rutas de la ciudad. Y a través del hilo telefónico, que casi se chamuscó. En contra de su costumbre tradicional, ayer sustituyó la infusión de manzanilla tras la cena por un benjamín. «Emilio currouno, ninguén lle regalou nada. Sobrepúxose ás dificultades que atopou no camiño gracias ao seu esforzo», dice Andrés, feliz de que le llegara el gran momento a su hijo. Tanto él como María del Carmen, en medio del regocijo, no han querido olvidarse del luctuoso suceso de la muerte de varios seguidores onubenses. Pero la parroquia compostelana vivió como suya la gesta de uno de sus hijos en el olimpo del fútbol.