Una marquesina escenifica en Padrón el deterioro de una aldea

Uxía López padrón

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Los vecinos de Rumille, en Carcacía, están hartos de pedir su arreglo La aldea denuncia el «abandono» y las «promesas incumplidas» por parte del Concello

18 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando los vecinos de la aldea de Rumille, una de las situadas en lo alto de la parroquia de Carcacía, en Padrón, vieron hace veinte años cómo la vieja marquesina de ladrillos construida por ellos mismos era sustituida por una de aluminio de la Diputación, comprendieron que los tiempos cambian. Pero de ello hace dos décadas, un tiempo que ha pasado factura a una marquesina que sigue en pie pese a su mal estado. Éste es el primer ejemplo que ponen los vecinos de Rumille a la hora de denunciar el «abandono» al que los tiene condenado el Concello de Padrón, pese a que acuden a la Alcaldía a pedir las mejoras que consideran necesarias. Aseguran que siempre «houbo moitas promesas» por parte del gobierno padronés, pero «todas incumplidas». Así sucedió, en al menos una decena de ocasiones, con la marquesina de modo que dos vecinos le pidieron personalmente al alcalde que la arreglara o cambiara por una nueva. Dicen los afectados que el regidor siempre les contestó que sí, muy atento, además, pero lo dicho es bien distinto de los hechos. En Rumille hay unos diez niños que usan la marquesina a diario, entre los más pequeños que acuden a la escuela unitaria de la parroquia hasta los que estudian en los centros educativos de la villa. Los días de lluvia, como el viernes, «é imposible abrigarse nela», dice una vecina. La marquesina está rota; filtra importantes cantidades de agua, de modo que no se puede sentar en el banco: los caracoles la usan para hacer alpinismo y el suelo, todavía de tierra, «é unha lameira», sin contar que los tubos de desagüe del agua de la aldea están rotos con el peligro de que se puede romper una pierna, tal y como hace notar otra lugareña. Pero la marquesina no sólo es usada por escolares, sino por todos los habitantes de la aldea, cuando hay excursiones o un funeral, dado que es el punto de parada oficial de cualquier autobús. En el interior de la aldea, hace tiempo que el Concello derribó el techo del lavadero sin que construyera uno nuevo. El agua de la fuente del lugar invade los caminos, al igual que la maleza o la basura en un basurero próximo a la ya famosa marquesina. Lo que, probablemente, no sepan estos vecinos es que en el municipio hay otras marquesinas en un estado similar. Pero, hartos de acudir al Concello, ahora lo que se lleva es llamar a la prensa para denunciar así públicamente los hechos, con la confianza de que en letra impresa sí duela la denuncia al alcalde de turno. Como dice un vecino, «a ver se conseguimos algo así».