El Sar entra como Perico por su casa

Nacho Mirás BERTAMIRÁNS

SANTIAGO

XOÁN A. SOLER

? este paso, en Bertamiráns ocurrirá como en la Venecia de Gila, donde vendían los terrenos por litros cuadrados. En el edificio en construcción que se levanta en la calle Agrelo no están para bromas: desde el fin de semana ya no se sabe dónde acaba el Sar y dónde empieza el hueco que algún día será un garaje para ochenta viviendas, pero que ayer servía, si acaso, de base de submarinos. «Ata dous metros dez de auga medimos por riba da cota de cimentación», explica el aparejador José Manuel Turnes, que ha visto lo mal que se han puesto las cosas desde los treinta centímetros de lluvia que se registraban el viernes. Lo mismo que a otras empresas que construyen en la zona las precipitaciones sin medida le están complicando seriamente los planes a la promotora Ramos Freita. De momento no pueden usar motobombas para achicar la zanja, simplemente porque el río va tan alto que no hay dónde desaguar. «Polo menos temos para un mes», dice el aparejador que, eso sí, asegura que una vez que la obra esté finalizada el problema del agua se habrá acabado para siempre. «Os garaxes van ser tan estancos coma unha piscina», explica. Siguiendo el curso del río, las cosas no pintan bien. En la zona de la carretera de Ortoño se ven fincas anegadas a ambos lados del curso fluvial. A mediodía, el paseo que discurre a orillas del Sar está sólo a unos pocos litros de quedar completamente cubierto por un agua marrón. La Policía Local está a esa hora a punto de cerrar al tráfico una pista. Los vecinos poco más pueden hacer que ver subir las aguas, abrocharse la gabardina y pensar que, en Bertamiráns, llueve sobre mojado.