Crónica | Las mañas de una joven para intentar huir de la cárcel La joven detenida el martes en la estación de tren por morder a un guardia de seguridad llevaba un decenio en paradero desconocido y logró abrir las esposas que le puso la policía
21 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Una joven de unos 30 años intentó fugarse del Hospital Clínico tras ser detenida en la estación de tren en la tarde del martes. La mujer, que ya venía en el tren molestando a los viajeros e intentando robarles, mordió a un guardia de seguridad de la estación, que pretendía detenerla por la actitud sospechosa que mostraba en una de las tiendas de los andenes. Ante la impotencia de los guardias de seguridad para detenerla, avisaron a la policía nacional. La conducta de la joven era muy agresiva, daba patadas y no dejaba que nadie se acercase a ella. Se necesitaron seis agentes, según apuntan testigos presenciales, para reducirla e introducirla en la ambulancia que la trasladó al hospital. Hasta aquí nada nuevo, pero la historia no termina en este lugar. Al llegar al hospital y ser conducida, previamente inmovilizada por unas esposas, a las instalaciones de urgencias para determinar su estado de salud, ya que aparentaba haber tomado algún tipo de droga y presentaba un aspecto preocupante, con cortes y marcas por todo el cuerpo, la mujer protagonizó un nuevo altercado. En un descuido de los agentes que la vigilaban, la detenida se liberó de las esposas e intentó escapar. Los guardias vieron incrédulos cómo la joven utilizaba una llave que tenía colgada de una cadena al cuello para abrir las esposas e intentar huir del hospital. La explicación: según fuentes de las fuerzas de seguridad, la llave era maestra, es decir, abría cualquier tipo de esposas. Tras protagonizar este episodio más propio de una película de acción americana o de aquellos espectáculos de escapismo que protagonizaba el gran Houdini, la joven fue reducida de nuevo. Pero, como había hecho anteriormente en la estación, no se lo puso fácil a los agentes. A partir del momento, en que de nuevo estuvo esposada y se le quitó la llave maestra, se le pudieron realizar las pruebas para las que había acudido al hospital, y después fue puesta a disposición judicial. Pese a su juventud -no supera los treinta años- la mujer protagonista de estos episodios contaba ya con antecedentes policiales y estaba en paradero desconocido desde el año 1994. En estos días, cuando la agresora ha sido puesta a disposición judicial, la policía investiga la procedencia de esa llave maestra, que abre los juegos de esposas, tan útil para la joven y tan problemática para los agentes, que tuvieron de nuevo que reducirla en el Hospital Clínico. Se desconoce si la mujer ya había utilizado esta llave en otras ocasiones, pero se presupone que sí, ante la eficacia demostrada en esta ocasión. La posesión de esta, nunca mejor dicho, llave de la libertad, supone una incógnita para los cuerpos de seguridad, que tendrían un grave problema si hubiera alguna copia. Desde el día en que ocurrieron estos hechos, el martes, los guardias de seguridad de la estación disponen de guantes de látex para este tipo de casos u otros similares, para evitar en la medida de lo posible la preocupación que la tarde del martes sufrió el guardia mordido por la mujer, temeroso de la posibilidad de contagio de alguna enfermedad grave que pudiese tener la detenida.