Con tacón de aguja En selectividad se dieron cuenta de que cuando les retiran el teléfono se quedan sin saber qué hora es; los jóvenes han cambiado el reloj de pulsera por los móviles
17 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La selectividad que terminó hace sólo unos días dejó patente cómo en cinco años los tiempos han cambiado. Antes de empezar los exámenes, y ante el peligro que pueden suponer las nuevas tecnologías en el arte de copiar, los profesores instaron a los estudiantes a que dejasen los teléfonos móviles apartados, junto con las carpetas, mochilas y demás. Muchos jóvenes se dieron cuenta en ese momento que no tenían hora para controlar el tiempo del examen. El reloj de pulsera es un objeto en desuso para las nuevas generaciones. Antes, si un viandante nos preguntaba la hora sólo cabían dos respuestas: no tener o mirarla en el reloj. Ahora queda la tercera opción del móvil, que además es la más socorrida por los jóvenes. El reloj sólo les ofrece una función que pueden suplir perfectamente con un teléfono, pero la comunicación y la nueva forma de relacionarse que les ofrece el móvil no pueden sustituirla con un simple reloj. Quizás los relojeros ya lo han notado en sus ventas. Si no lo han hecho lo notarán. Cuando la comodidad del reloj de pulsera sustituyó a los elegantísimos y clásicos relojes de bolsillos hubo que adaptarse a los tiempos, y con el móvil ocurrirá lo mismo. El cambio se aprecia fácilmente cuando llega la época de las comuniones. El reloj para el niño y en menos casos para la niña era uno de los regalos más socorridos. De hecho se preguntaba a los padres: ¿Ya tiene el reloj?, mientras que ahora se pregunta, ¿ya tiene la cámara digital? ¿Y el MP3? Afortunadamente, o no, hace quince años y ahora se sigue preguntando, ¿ya tiene la equipación del Real Madrid?, ¿y la de la selección española? Avanzará la tecnología, pero siempre habrá cosas que no cambien.