Compostela, un gran escenario para el espectáculo del deporte

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO

SANTIAGO

Los grandes acontecimientos deportivos, de élite y de base, encierran potencial y perspectivas de indudable valor para una ciudad que vive muy apegada al turismo

22 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando el Breogán puso sobre la mesa la posibilidad de pedir la organización de la Copa del Rey de baloncesto pensó en Santiago como sede, porque reúne todos los requisitos exigidos por la ACB: instalaciones deportivas, capacidad hotelera y buenas comunicaciones aéreas. A nadie se le escapa el impacto económico y el brillo de una cita que concentra la atención del mundo de la canasta durante cinco días. Con ocasión de la Copa de España de fútbol sala, Compostela ya demostró su capacidad para acoger citas de alto nivel. Incluso supo aprovechar la oportunidad para darle un impulso a esta modalidad deportiva. También ha superado con buena nota su asignatura como anfitrión en campeonatos nacionales y autonómicos, para categorías inferiores, en disciplinas como el baloncesto, la natación, el fútbol, el patinaje, la bicicleta de montaña o el campo a través, entre otras. Hace ya tres lustros, Santiago fue el escenario del final de la Vuelta Ciclista y de nuevo evidenció que no le venía grande el traje. Sólo falló un imponderable, el meteorológico. E incluso hay quien recuerda que la lluvia añadió tintes épicos a la resolución de la ronda española. Por una vez, el pelotón no acabó su ruta en el Paseo de la Castellana, en Madrid. El pabellón de Sar, el Monte do Gozo, el Pedroso, el Multiusos de San Lázaro (con el lastimoso lunar de unas pistas de atletismo con un tartán de calidad pero que nunca pudieron ser homologadas), Santa Isabel, As Cancelas o el campo de golf de Lavacolla son instalaciones y enclaves que permiten abarcar casi todas las disciplinas. Y la oferta de infraestructuras será todavía más redonda el día que el proyecto para la construcción de una piscina olímpica trascienda esa categoría y empiece a convertirse en una realidad. La de Santa Isabel se queda pequeña. Evidentemente, el ideal de una olimpiada es una utopía. Pero cabe plantear un desafío asequible, de modo que la atracción de eventos deportivos deje de ser algo excepcional para convertirse en una dinámica, atendiendo a las competiciones de base pero sin renunciar a los acontecimientos que tienen una mayor resonancia mediática. Ahí pueden entrar exhibiciones como las que muy de vez en cuando ha protagonizado Fernando Alonso con su Renault en tramos urbanos; actividades que aprovechan el tirón de primeros espadas en diferentes modalidades deportivas con fines solidarios; acuerdos con grandes firmas y patrocinadores para que incluyan Compostela en sus programaciones promocionales. Más difícil se presume el reto de asentar acontecimientos puntuales pero fijos en el calendario: las motos en Jerez y Valencia, la fórmula uno en Montmeló, el ajedrez en Linares, la San Silvestre de Vallecas...