Crónica | La misa crismal en la Catedral La bendición de los óleos, presidida por Julián Barrio, que pidió a los cristianos que recen para que no falten sacerdotes, fue seguida por cientos de fieles emocionados
11 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?uizá necesiten restaurar el Botafumeiro porque le pesan los años, pero los responsables de la Catedral saben organizar ceremonias espectaculares en las que a los fieles se les saltan las lágrimas. El mejor ejemplo es la misa crismal de ayer, celebrada con pompa y circunstancia bajo la presidencia del arzobispo de Compostela, Julián Barrio, que pidió a los cristianos que recen para que no falten sacerdotes. El rito comenzó a las doce en punto con la solemne procesión de 203 sacerdotes y seminaristas. La comitiva, cerrada por el arzobispo y el deán en funciones , José María Díaz, atravesó las bancadas principales entre flashes y admiraciones de los centenares de fieles y turistas congregados. La potencia del canto y del órgano barroco; la armonía de las túnicas blancas, sólo rota por los hábitos negros con cruz de Santiago de algunos canónigos y el púrpura y dorado arzobispales, arrancaron las primeras lágrimas del público. Hay que destacar la creciente multiculturalidad de la iglesia compostelana. Entre los seminaristas había jóvenes de Sudamérica y África. Entre el público, personas de los cinco continentes. La diversidad de orígenes explica la variedad idiomática desplegada por los oficiantes durante la ceremonia, en la que Julian Barrio misó mientras el canónigo José Fernández Lago explicaba las partes del rito. Entre las doce y las dos de la tarde, cuando terminó la misa, de la boca de los sacerdotes habían salido palabras en inglés, alemán, español, latín y gallego, toda una demostración al que la iglesia se ha adaptado con éxito al castigo bíblico por la torre de Babel. Uno de los momentos cumbres del ceremonial fue la renovación de las promesas sacerdotales. En la que los presbíteros responden con un «sí, quiero» a los mandamientos de su ministerio, lo que hizo preguntarse a un pequeño: «Mamá, ¿¡se van a casar todos esos señores!?». El centro de la celebración fue la bendición del óleo de los enfermos, con el que se unge a las personas con escasa salud o en edad avanzada; del óleo de los catecúmenos, destinado a los recién bautizados; y el rito de consagración del Crisma. Homilía arzobispal En su homilía, el arzobispo Julián Barrio destacó que «cada generación encuentra dificultades a la hora de vivir la fidelidad con Dios», y advirtió que «Aceptar a Cristo con todas sus consecuencias es convertirnos en signo de contradicción, y quien no acepta la unción de Cristo, o la suple con la mera ciencia humana, está negando de hecho la vocación a la cruz que conlleva la oblación de la propia vida en su seguimiento más allá de toda postura superficial y artificial». Barrió pronunció la mitad de la homilía en español y la otra mitad en gallego. En esa parte afirmó, tras referirse a los «benqueridos membros de vida consagrada e leigos», que «o pobo cristián ten bos motivos para dar grazas a Deus polo don da eucaristía e do sacerdocio e pregar incesantemente para que non falten sacerdotes na Igrexa». Y es que la falta de vocaciones obliga a muchos curas a hacer horas extras.