Los bomberos honran a Juan de Dios, el santo ignífugo

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

XOÁN A. SOLER

En directo | Fiesta en el parque comarcal En familia y sin políticos, los hombres de Cesáreo Rey compartieron mesa y mantel y volvieron a empaparse con los recuerdos de los compañeros jubilados

08 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

San Juan de Dios fue un santo ignífugo. Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios que lleva su nombre, «Juande» demostró su dotes durante un incendio en su hospital: entró y salió rescatando gente y no sufrió daño alguno, de ahí que los bomberos lo adoptasen como santo patrón. Y ayer, 8 de marzo, los bomberos de Santiago celebraron por todo lo alto -aunque los políticos no estaban invitados- la festividad de un hombre que vivió como loco y murió como Santo. En el cuartelillo de la estación de autobuses, las bombas de palenque volaron por los aires a partir de las 22.00 horas del martes, justo cuando comenzó el turno de los que ayer tenían guardia. Pero los actos centrales se desarrollaron durante todo el día de ayer, primero con una misa en San Francisco y, desde las 13.30, con unos pinchos y posterior comida de confraternidad en las instalaciones del servicio. Participaron en los festejos la mayor parte del equipo de 68 hombres que dirige Cesáreo Rey. Y se sumaron además algunos de los veteranos ya jubilados pero que, en el fondo, siguen siendo tan bomberos como los demás. Es el caso de tres auténticas instituciones en el cuerpo, como son Ezequiel Presedo (79 años), Vicente Fraga (77) y José Camilo Iglesias (79) que cada año, por estas fechas, rememoran aquellos tiempos en los que la labor del bombero era artesanía pura, cuando los fuegos se apagaban, casi, con sulfatadora. Los tres llegaron a utilizar el camión De Dio Bouton del año 1926 junto al que hoy se retratan, y Vicente se acuerda de que las pasaba canutas para encenderlo. «Funcionaba con magneto e había que quentalo; quedábache o brazo desfeito de darlle», dice. Los tres coinciden en que el peor incendio al que se tuvieron que enfrentar fue el de la jefatura de Falange en la rúa Nova, ocurrido en los años 50. Mientras un servicio especialmente contratado para la fiesta fríe langostinos y asa churrasco para todos en el propio cuartelillo, Vicente, Ezequiel y Camilo se calientan como el magneto del camión y vuelven a recordar los momentos más intensos de tantos años de servicio: las pulgas que les comían las piernas cuando el cuartelillo estaba en la rúa da Oliveira; la época del alcalde Figueroa; el fuego que afectó a la universidad un domingo de carnaval; o aquel incendio en el Hórreo que dio lugar a una coplilla: «Alá no fondo do Hórreo, unha casa prantou lume. Cando chegou o bombeiro, xa non había nin fume». Eran otros tiempos. Manuel Cereijo, presidente de la asociación cultural y deportiva de los bomberos, explica que los políticos seguirán sin ser invitados a la festividad mientras no se dirima el conflicto laboral que todavía sigue abierto en los tribunales. También aprovecha para recordar que, entre las muchas actividades deportivas que se han venido haciendo -ayer, a los postres, se procedió a la entrega de medallas-, destaca ese partido de fútbol contra la Policía Local que acabó 4-1 a favor de los de Cesáreo Rey.