Reportaje | El escaso peso de las compostelanas en los sectores de decisión de la ciudad Representan a la mayoría. Soportan la base de la pirámide, pero quizás por sus propias prioridades o porque no les dejan, son menos las que ya han ocupado la cúspide
11 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.En la comarca de Santiago hay 152.842 vecinos. Más de la mitad, unas 80.000, son mujeres. En la Universidade de Santiago estudiaron durante el curso pasado 32.299 alumnos. Dos tercios, casi 21.000, eran chicas. Siguiendo esta misma progresión, el número de paradas de la comarca casi duplica al de los desempleados masculinos. Si alcanzamos la cúspide de la pirámide, sin embargo, las proporciones se invierten escandalosamente. De los más de 300 catedráticos de la USC, sólo una cuarentena son mujeres. En el equipo rectoral sólo dos vicerrectoras son mujeres, a las que hay que añadir la gerente adjunta. Eso sí, en todas las secretarías de rector y vicerrectores, apenas aparecen dos o tres hombres. Las estadísticas son similares sea cual sea el ámbito. La mujer ha llegado por mérito y capacidad a todos los sectores profesionales. Médicas, abogadas, juezas, profesoras, empresarias... Sin embargo, aún no han alcanzado las cotas de representación que merecen ni en los órganos de decisión públicos ni en los privados. El pleno de la Cámara de Comercio de Santiago está compuesto por 25 miembros. Sólo uno de ellos, y no dentro del comité ejecutivo, está ocupado por una mujer. Sin embargo, este organismo sí ha sido pionero en la incorporación de la presencia femenina. Filomena Casal, secretaria general, ocupa este cargo desde hace casi treinta años, cuando ella y la secretaria de la entidad sevillana eran las únicas de toda España. Otra pionera fue Alicia Estévez Toranzo, catedrática de la USC desde hace quince años. Con ellas, Manuela Hermo, gerente del Pazo de Congresos e Exposicións, constituyen el pequeño porcentaje de mujeres que ocupan cargos directivos o de responsabilidad en la capital compostelana. Lo cierto es que las tres tienen una visión prácticamente idéntica de la situación de la mujer en el mundo laboral. No quieren ni oír hablar de cuotas femeninas ni de sexos iguales. «Somos diferentes, hay dos sexos y cada uno tiene sus cualidades», recuerda Alicia Estévez. Respecto a las cuotas, Filomena se indigna sólo al oír mencionar ese término. «Ese concepto deja quedar mal a la mujer. Parece que se la busca para completar. Además, se le otorgan puestos de relleno, de acción social, pero economía o industria siguen en manos de los hombres». «¿Por qué seis y no diez?», apunta Manuela. Ellas mismas, que lideran equipos de trabajo, están muy lejos de dejarse influir por cuotas. «Sólo busco a la persona que me ayude y haga bien su trabajo, nunca miro cuál es su sexo», dice la secretaria de la Cámara. A Manuela Hermo, lo que realmente le resulta sorprendente es que todavía éste siga siendo un tema candente. Prioridades ¿Por qué constituyendo más del 50% de la población, la mujer no está representada, ni de lejos, en la misma proporción? No es una cuestión de discriminación para estas tres profesionales. Quizás sí de educación, y sobre todo de prioridades. Estévez Toranzo asegura que en ocasiones se renuncia a ciertos cargos directivos para priorizar otros aspectos. «Muchas veces las ventajas de un puesto directivo no te compensan lo suficiente», recuerda. «Además, te ofrecen puestos con mucha proyección, pero me parece muy triste tener éxitos y no poder compartirlos con nadie», añade la gerente del Pazo de Congresos. Están en contra de las cuotas femeninas, defienden que cada persona debe fijar su lista de prioridades personales y profesionales pero, eso sí, ni se plantean el dejar de trabajar para ocuparse de los hijos o la casa. «Yo no soy de las que defienden la dedicación exclusiva a la familia, porque es más importante calidad que cantidad», dice la secretaria de la Cámara de Comercio. Manuela Hermo es de la misma opinión, «hay que educar a los niños en la suficiencia». En este sentido, consideran que Santiago y en general la sociedad española ha avanzado a pasos agigantados en comparación con otros países como Estados Unidos, en donde la mujer lo tiene más difícil y está más arraigado el machismo, pese al aparente progreso del país americano. El jefe, un hombre Entre las anécdotas que cuentan estas mujeres destaca la asociación implícita que suele hacer la gente de 'jefe igual a hombre de mediana edad'. Manuela recuerda con humor como cuando trabajaba con un compañero «de barbita y mediana edad, los clientes se empeñaban en hablar con él, aunque yo era la jefa». La misma anécdota recuerda Filomena de su hija, que acaba de montar una empresa en la que los clientes siempre insisten en «cerrar el negocio con el jefe». «Quizás en estas situaciones también influye la edad, el hecho de que seas joven», justifica Manuela, quien apunta otra anécdota de hace años: «Tenía un profesor que nos decía: yo no sé que hacen ustedes aquí -en referencia a sus alumnas-, para que luego a sus hijos las eduquen otras personas». Los tiempos han cambiado, afortunadamente. La igualdad, señalan estas mujeres, pasa por la educación desde el parvulario, una educación que elimine el machismo tanto de hombres como de mujeres. «Los niños se ríen si un compañero quiere estudiar baile, ¿y por qué? Evidentemente, porque lo han aprendido en casa», recuerdan. En este machismo que surge en el propio hogar no sólo hay que buscar responsables en los hombres, ya que en ocasiones son las propias mujeres las que reproducen el mismo esquema. «Es increíble que aún haya mujeres que llaman a la peluquería diciendo que son 'la señora de', o que no se separan porque dejarían de ser las esposas de fulanito», comentan. Respecto al futuro, son optimistas. Aseguran que se ha evolucionado mucho, y Filomena pone un ejemplo clarísimo de ello: «Antes los hombres que se calificaban como progres ayudaban a su mujer a realizar las tareas de casa, ahora ya han asumido que se trata de un reparto igualitario». De hecho, auguran que un día «seremos predominantes nosotras en los puestos de decisión, y no seremos tan tiranas como ellos. En fin, es broma, no es una cuestión de quién sea más o menos», aclaran. Competentes y con talante. Se lleva, se lleva.