Reportaje | Nuevos hábitos para mejorar el medio ambiente Las estaciones de servicio de Santiago ya no venden un combustible que movió a varias generaciones; pero existen alternativas para seguir utilizando los viejos cacharros
11 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.El progreso hace que muchas frases de la vida cotidiana se queden obsoletas a una velocidad pasmosa. Uno de los ejemplos más recientes es esa oración que ya forma parte de los museos de la palabra y que, más o menos, venía a decir así: «¡Póñame mil de súper!». Si desde el 1 de enero del 2002 las «mil» famosas son seis euros, desde hace unos meses la gasolina súper es agua pasada. A día de hoy ya no queda en Santiago ni una sóla estación de servicio en Compostela en la que se pueda encontrar un combustible que, aunque mucho más contaminante que las gasolinas actuales, hacía funcionar a un buen número de vehículos. El Ministerio de Industria y Comercio informaba el pasado 14 de diciembre de que la venta de súper 97 quedaría prohibida en todo el territorio español el 1 de enero del 2009, pero no ha hecho falta llegar tan lejos. En Galuresa, por ejemplo, dicen que dejaron de comprarla el 1 de enero del año pasado y que, a partir de ahí, todo lo que se vendió fue lo que había en stock. Para ser precisos, lo que se despachaba desde el 2001 era una gasolina de 97 octanos que sustituía a la gasolina con plomo, que fue prohibida por sus elevados índices contaminantes. El apagón El abandono de este combustible viene a ser a la automoción algo así como el apagón analógico a la tele, algo que se nos viene encima y que dejará obsoletos un buen número de aparatos. Pero, lo mismo que con las tele existen recursos para prolongar la vida de los viejos receptores, también es posible que las motos y los coches de otros tiempos sigan circulando. A grandes males, grandes aditivos. Tanto la Asociación de Operadores Petrolíferos (AOP) como la Unión de Petroleros Independientes (UPI) han colgado en Internet una serie de preguntas y respuestas en las que se explican detalladamente las alternativas al consumo de gasolina súper. Sin necesidad de conectarse a la red, una consulta mucho más doméstica puede ayudar a resolver las principales dudas. María, empleada de una gasolinera situada en algún punto entre Santiago y Lugo es así de resolutiva: «Se tes un coche anterior ao ano 85, tes que poñer aditivo; se foi fabricado despois, non tes que facer nada, botar sin plomo 95 ou 98». No es que la explicación sea así de exacta, pero puede valer para sobrevivir en el nuevo panorama energético. María habla de su propio coche y, después de haber probado el combustible sustitutivo, saca la conclusión de que «coa 98 tiña máis potencia, máis saída», pero considera que el precio de esta gasolina es demasiado alto como para permitirse llenar a la ligera el depósito de un coche viejo. «Outra cousa -dice- é que sexa un clásico ou un de colección que sacas de vez en cando, pero para todos os días é un capital». El aditivo del que habla María, a base de potasio, cuesta seis euros y cada bote sirve para repostar varias veces. La cantidad que se utiliza varía en función de los litros de gasolina sin plomo que uno ponga, y las proporciones vienen explicadas en el propio envase. La AOP precisa las palabras de María y recoge en sus consejos que, en términos generales, «los coches fabricados antes de 1986 que no lleven catalizador de gases de escape deberán añadir el aditivo a la gasolina sin plomo». En el caso de las motos, el producto deberá utilizarse en aquellas fabricadas antes de 1992.