CON LUPA | O |
03 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.DE TODOS LOS actos vandálicos que un cafre puede llevar a cabo, quemar una ambulancia es quizás uno de los peores. El individuo -igual es mucho decir- que la noche pasada le prendió fuego a una unidad medicalizada del 061 como quien prende una falla se merece, directamente, ir a la cárcel. No era un contenedor de basura lo que ardía, ni una papelera; tampoco una parada de autobús. El incendio de cualquiera de estos elementos del mobiliario urbano habría sido grave, pero quemar una ambulancia es gravísimo. Miles de euros chamuscados porque sí, porque un fulano primitivo y sin evolucionar decidió que, por éstas, la mejor manera de llamar la atención es destruir lo que es de todos, hacer desaparecer un vehículo que, ironías, podría haber salvado la vida de su propia madre. Quienes están luchando para que se dignifiquen las condiciones laborales de los conductores de ambulancias deberían hacer todo lo posible para librarse de este tipo de exaltados que, lejos de ayudar, perjudican gravemente. No seré yo el que firme mejoras laborales negociadas con gasolina, y seguro que la mayoría de los conductores de ambulancias tampoco. Los del mechero deberían pararse a reflexionar sobre lo que han hecho, aunque difícilmente se le pueden pedir peras al olmo; un salvaje actúa por instinto, no razona. Pero, aún así, ojalá se les meta en la cabeza que la ambulancia destrozada podría haber salvado un día la vida de sus padres, de sus hijos o de ellos mismos. La Justicia no se puede andar con contemplaciones con quienes anteponen el bien propio al de los demás. ¿Saben lo que cuesta una ambulancia medicalizada? ¿Saben lo que han hecho? Ahora toca confiar en la policía, que seguro que atará todos los cabos para poner a refrescar a quienes hacen bandera de la violencia. Amigo pirómano: salvaje es poco.