Ginnings, mirada de extranjero

Mercedes Rozas

SANTIAGO

Crítica | Fotografía

03 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La Galicia reflejada en las fotografías de Arthur Ginnings, con mujeres de luto riguroso y pañuelos en la cabeza, poses con trajes de domingo y carros de vacas recorriendo polvorientas corredoiras pervivió durante mucho tiempo. Cuarenta y dos años, desde finales del XIX y bien entrado el XX, estuvo el británico impresionando con su arcaica cámara a nuestro pueblo, reteniéndolo en sus retratos y describiéndolo a través de sus arquitecturas y sus paisajes. Es el mismo país, aunque con años de diferencia, que Xulio López Valcárcel describió para la obra de Jean Dieuzaide: «Galicia inmóvil, Sísifo atado a su destino, un pueblo atormentado, amedrentado». Para llegar al fondo de esta exposición, comisariada por Evangelina Sierra, con un sencillo pero excelente montaje, es necesario detenerse en la vida de Ginnings, paralela a su labor fotográfica, porque no sólo vino desde Gran Bretaña hasta este apartado rincón a hacer fotos, sino también proselitismo religioso. Tanto él como su mujer pertenecían a la comunidad evangélica de Asambleas de Hermanos británicas. Se establece con su familia en Ares con la intención de difundir el protestantismo, y, mientras reparte biblias y entona cantos congregacionales, con su herramienta de trabajo va documentando, en blanco y negro, el día a día de los que le rodean. Estas imágenes tenían para el misionero un significado funcional, puesto que le valían para rendir cuentas ante sus compañeros de iglesia. Hoy revelan, además, un valor estético y sirven de inestimable documento etnográfico. El fotógrafo se queda con la belleza de lo cotidiano, el apego a la realidad, que no disimula la pobreza, y con esa mirada de extranjero que rebusca en la diferencia o el exotismo de la tierra a la que llega. Puede ser que Ginnings no persiguiera deliberadamente una estética comprometida, posiblemente ni siquiera estuviese al tanto de las corrientes que empezaban a despuntar por entonces en esta práctica artística, sin embargo logra enfoques, contrastes lumínicos y vistas aéreas propias de un profesional que, además de ser ducho en la materia, posee una gran carga intuitiva. Museo das Peregrinacións. Hasta el 27 de febrero.