TRIBUNA | O |
24 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.NUNCA como hoy hemos producido tanta riqueza y nunca como hoy ha existido una conciencia tan generalizada de que la pobreza y la miseria son la suerte de la mayoría de los habitantes de nuestro planeta. Esta paradójica constatación es la convicción convergente de personalidades eminentes como Amartya Sen, Joseph E. Stiglitz, y François Bourguignon, En el año 2000, los jefes de estado y de gobierno de 189 países acordaron cumplir ocho objetivos de desarrollo en todos los países del mundo para el año 2015. Pasados cinco años, la situación social del planeta continúa siendo de una gravedad enorme y de una desigualdad que raya el homicidio por omisión. Tal como denuncia el informe de Naciones Unidas, los pobres son cada vez más pobres y los ricos no son conscientes del inmenso peligro que eso comporta a la larga para la estabilidad mundial. Hoy por hoy, 2.500 millones de personas sobreviven con menos de dos euros al día y 10 millones de niños mueren al año por enfermedades evitables. Ya no hay excusas, ya nadie puede negar ni ignorar la situación que soportan los países atrasados. Sus habitantes tienen el derecho a vivir con dignidad. Podemos seguir justificándonos en que la pobreza endémica de África y América Latina se debe a los pactos silenciosos de amiguismo entre gobiernos donantes con gobiernos nacionales corruptos. Pero la realidad es que estos países lo que tienen es hambre. Tienen hambre y no tienen que comer. Padecen epidemias y no tienen medicamentos. Quieren vivir y el ruido de nuestro progreso ahoga sus gritos de ayuda. Es hora de que la sociedad se implique y sea consciente de que ya no existen fronteras. La administración pública debe provocar el impulso y la dinamización social a favor de los Objetivos del Milenio y en particular los ayuntamientos, como instituciones más cercanas y directamente relacionadas con la ciudadanía. Los objetivos sólo pueden alcanzarse con la participación de todos los actores de la sociedad, lo que hace que la movilización de las autoridades locales resulte crucial por su contacto diario con los ciudadanos. El comité de Unicef-Galicia junto con la Cruz Roja han recibido el apoyo del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, por medio da Concejalía de Xuventude, para la celebración de la campaña Sin excusas hasta el 2015, lanzada por el secretario General de Naciones Unidas para el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Esta campaña tiene por objeto explicar a los ciudadanos por qué se necesita aumentar la calidad y la cantidad de la ayuda oficial al desarrollo y se llevará a cabo con una exposición itinerante de la obra de Lucas Cipelleti llamada Las puertas del milenio y que estará expuesta desde hoy y hasta el 15 de febrero en Área Central. Hoy los Ayuntamientos gobiernan para una sociedad mas formada y consciente de la necesaria solidaridad para el desarrollo de los pueblos, y esta realidad les confiere una posición activa en la implementación de políticas eficaces para combatir los problemas identificados por los Objetivos del Milenio.