En directo | Ocio en Navidad La espera en las atracciones es el único inconveniente de una actividad por la que pasan cada día mil personas, y que hoy se podrá disfrutar por última vez
03 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.¡Quién fuera niño en Nadalxogo!, ese parque de atracciones que, todos los años, se monta y se desmonta para entretener el tiempo de Navidad. ¿Y quién fuera padre...? ¡Pues depende! Y depende del modelo de padre en el que se fije uno al entrar en el multiusos de Sar, donde hoy se podrá disfrutar por última vez de todo lo que ofrece Nadalxogo, que es mucho. Francisco Martínez, responsable de Infantilandia, explica que durante todos estos días se han contabilizado una media de mil asistentes. También dice que hay atracciones que tienen más colas que otras, es el caso de las camas elásticas, que se llevan la palma, y de los muchos talleres en los que los niños pueden dar rienda suelta al artista que llevan dentro. En el micromundo de Nadalxogo cada parte del edificio de usos múltiples de Sar es una parroquia. En el vestíbulo hay pequeños que se familiarizan con las señales de tráfico y los semáforos en el circuito montado a tal efecto, y sobre el que conducen un todoterreno amarillo y una chopper, convenientemente instruidos por los monitores. También hay una atracción hinchable -los niños de los setenta no tuvimos semejante cosa, blanda, segura y entretenida- y el stand del Xabarín Club. Pero el ambiente verdadero está puertas adentro. En la grada están los padres más entraditos en años, aquellos cuyos hijos ya tienen la edad suficiente como para airearse solos. Se entretienen leyendo el periódico, hablando unos con otros, dándole a un libro... Se les ve tranquilos y descasados. La «arena» es, directamente, la pista de los leones. Los chavales mandan y campan a sus anchas. Saltan, gritan, se descalzan para entrar en las atracciones, meriendan plátanos, lloran, ríen, se pelean... Aquí los padres están más entregados. Se nota que lo que peor llevan es hacer cola. Lo dice Rafa, que ha llegado con sus dos niños y que explica que «ao facer colas con dous, se non perdes a un perdes aos dous». Su hija Nidia se ha empeñado en decir que «Papá Noel é malo», aunque no explica por qué. Los carruseles, el rocódromo (también hinchable) y los talleres están «petados». Las colas no llegan a la desesperación de un parque temático al uso, pero no están mal. Enrique y Rubén son clavaditos hasta en el chándal. Después de un buen rato esperando están a punto de meterse en el recinto de las camas elásticas. Mercedes, su madre, los ha traído desde Vidán y dice que le compensa lo bien que se lo pasan sus retoños contra lo que le toca esperar. «Hai que ter paciencia», dice mientras habla con otras madres. La cola también es larga en una atracción curiosa: un rodillo amortiguado sobre el que los niños se cuelgan como koalas. Pedro, el monitor, los hace centrifugar y los niños acaban cayendo sobre una colchoneta. No está claro quién se lo pasa mejor: Pedro o los centrifugados. Si, como dice Mercedes, todo es cuestión de paciencia, Nadalxogo no parece una mala experiencia y ya no para los niños, que lo es, sino para los padres.